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Cómplices de un hallazgo único

Manuel Espadas
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Los estudiantes de la UCLM de la nueva campaña de excavación en Alarcos trabajan en la primera necrópolis íbera en la que aparecen restos óseos humanos susceptibles de análisis por ADN

Detalle de la singular fosa en la que han aparecido los restos óseos humanos. - Foto: Rueda Villaverde

El grupo de alumnos de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) que está formando parte desde la semana pasada en la anual campaña de excavaciones en el ámbito del Parque Arqueológico de Alarcos se pueden sentir unos privilegiados. Son los primeros en afianzar sus conocimientos y acumular experiencia en la necrópolis íbera descubierta en la zona hace solo unos meses, la tercera localizada en este singular entorno y la más importante por sus dimensiones y por encontrarse en un estado de conservación óptimo. Pero además están siendo testigos de excepción y cómplices directos de un hallazgo único, que tiene entusiasmado a todo el equipo de excavación dirigido por la profesora Rosario García Huerta. Se trata de la localización de una tumba con restos óseos humanos (cráneos y huesos largos), la primera que se encuentra en necrópolis ibéricas que datan de la Edad de Hierro (siglos VI al I a. C.).

La singularidad de este hallazgo «muy importante», como lo describe García Huerta, radica en la posibilidad de analizar estos huesos a través de su ADN, «para conocer así datos concretos sobre la edad de los individuos, el sexo, la procedencia e incluso posibles paleopatologías, y para tener una posible explicación de por qué con ellos sí se inhumaron los restos sin cremarlos antes». Es algo que hasta ahora no se ha podido hacer en una necrópolis íbera, ya que tradicionalmente este pueblo enterraba los restos de sus fallecidos después de cremados, de ahí que no se hubieran encontrado huesos en ninguna tumba hasta ahora, lo que obligaba a los investigadores a fechar su procedencia sólo a través de las urnas funerarias en las que se depositaban las cenizas y el ajuar que introducían en la fosa. "Estos materiales nos dan mucha información porque de ellos podemos inferir elementos espirituales de la cultura íbera, además de aspectos sobre la demografía, población y la diversidad de estratos sociales", explica García Huerta.

«No sabemos a qué puede responder esto. Lo cierto es que estamos sorprendidos porque es algo único, un hallazgo sin precedentes en un asentamiento íbero», destaca la directora de la excavación, que ya ha mandado varios de estos restos óseos para que sean analizados a la prestigiosa universidad norteamericana de Harvard, a través del mayor especialista sobre analítica de ADN antiguo de España, el biólogo Carles Lalueza. Unos análisis cuyos resultados no tardarán en llegar para satisfacer así la gran expectación que ha generado este descubrimiento en todo el equipo de excavación de la UCLM, formado también por los profesores Antonio de Juan, Diego Lucendo, David Rodríguez, Javier Morales y Pedro Miguel, a los que se han unido como colaboradores Miguel Ángel Rodríguez Rabadán e Isabel Serio.

Miguel Ángel Rodríguez Rabadán e Isabel Serio trabajan en el perfilado de los huesos aparecidos en la nueva necrópolis.Miguel Ángel Rodríguez Rabadán e Isabel Serio trabajan en el perfilado de los huesos aparecidos en la nueva necrópolis. - Foto: Rueda VillaverdeRodríguez Rabadán, graduado en Historia por la UCLM y estudiante del máster de investigación, cumple su cuarta campaña de excavación en Alarcos y confiesa sentirse «un afortunado». «Esto es único, y poder trabajarlo con mis propias manos es algo sensacional. Es lo más relevante que nunca he excavado», afirma este futuro investigador y arqueólogo, estudioso del mundo ibérico, que comparte con todo el equipo el entusiasmo que ha generado este singular descubrimiento arqueológico en las faldas del cerro de Alarcos, un enclave geográfico sembrado de historia que no deja de sorprender a los que llevan años recuperándola con paciencia y esmero.

 

De plantación de pistachos a la necrópolis íbera más importante

La singular fosa íbera con restos óseos humanos es solo uno de las decenas de enterramientos que se han encontrado, hasta la fecha, en esta tercera necrópolis que ha aflorado en las inmediaciones del cerro de Alarcos; sin duda, la más importante de todas y la que presenta un mejor estado de conservación. Se trata de 6.000 metros cuadrados en los que se han localizado más de un centenar de tumbas, de las cuales sólo se han excavado 30. Como destaca Rosario García Huerta, es un yacimiento «con una potencia desconocida» aún, puesto que de momento sólo se está trabajando en un primer nivel superficial, a la espera de conocer realmente los enterramientos que pueda haber debajo, y con «muchos años» de trabajo por delante.

Si la primera necrópolis íbera de Alarcos se localizó en los años ochenta y la segunda se empezó a excavar en 2014, la descubierta este año se debe a una feliz casualidad, cuando la propiedad del terreno donde se asienta intentó sembrar pistachos. El estudio previo pertinente detectó los posibles restos arqueológicos, y una empresa de seguimiento especializada corroboraba el hallazgo y realizaba las primeras labores de desenterramiento de fosas y túmulos y perimetración durante tres meses.

A falta del trámite administrativo del traspaso de la propiedad del terreno a la Junta de Comunidades y del vallado de la zona, el grupo de alumnos de la UCLM aprovechará estas dos semanas de campaña de excavación (finaliza este sábado) para recuperar urnas de cerámica, adornos, anillos fíbulas, fusayolas, huesos astrágalos de animales sacrificados y armamento de hierro, aunque éste muy deteriorado. La alumna de 4º de Historia Laura Fernández, natural de Mota del Cuervo (Cuenca), se estrena como arqueóloga en prácticas, en una labor «muy interesante y gratificante porque ves los resultados del trabajo, con un buen ambiente entre los compañeros». Beneficios que compensan el intenso calor que se pasa en un yacimiento que es posible gracias a la financiación económica del Gobierno regional.

Los alumnos de la UCLM, trabajando sobre las tumbas excavadas.
Los alumnos de la UCLM, trabajando sobre las tumbas excavadas. - Foto: Rueda Villaverde