Un confinamiento envuelto en misterio

Javier D. Bazaga (SPC)
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J.J. Benítez se embarca en 'La gran catástrofe amarilla', una nueva aventura que relata su reclusión en alta mar durante la pandemia y analiza el comportamiento humano

El autor de ‘El Diario de Elíseo’ refleja el caos que se vivió en un crucero al declararse la crisis sanitaria.

Cuando J.J. Benítez se embarcó a principios de enero en el Costa Deliziosa, no imaginaba que el viaje de placer que había planeado para dar su segunda vuelta al mundo se convertiría en una aventura desconcertante. Un «calvario» en ocasiones, del que daría cuenta en un diario para relatar lo que se convertiría en un confinamiento en alta mar, y la experiencia de 1.800 pasajeros de un crucero de ocio mientras el mundo entraba en declive asolado por una pandemia. Una historia que ha recogido en La gran catástrofe amarilla (Planeta).
No lo imaginaba, pero hubo señales que hacían presagiar que no iba a ser un viaje tranquilo. Entre ellas, una carta que deja por leer hasta su regreso, la «chispa» de la que Benítez habla en ocasiones que ilumina momentos que le quieren guiar, y a la que a veces hace caso y a veces no, o las combinaciones de números cabalísticos que le anuncian desde el principio la tragedia que se cierne sobre nosotros.
«No sé por qué, pero este nuevo viaje no me gusta», llega a escribir en su cuaderno de notas el mismo día de la partida, y es que esta novela es un relato en primera persona, contado a modo de diario, en el que Benítez repasa cómo se vivieron en el barco algunos de los momentos que han marcado la vida de todos nosotros. Desde las primeras noticias del virus, que tomaron con «incredulidad» porque «las noticias llegaban con cuenta gotas», hasta cuando conocieron que ya se contaban 1.000 muertos diarios en España, momento en que «empezó a surgir el miedo y el terror» a bordo, de manera que «aquello se convirtió en una catástrofe».
Desde las «medias verdades» que comunicaba la compañía al pasaje, el literato relata la negativa de los puertos a dejar bajar a los turistas. Solo se les permitía atracar para abastecerse. «La gente estaba muy asustada», lo que permitió al autor realizar también un «retrato psicológico» de ese pequeño ecosistema que se había generado a bordo del crucero. «Me dediqué a escribir todo lo que estaba viendo alrededor», cuenta, pero también las reflexiones que le provocaban esas «escenas verdaderamente dantescas y surrealistas» en los momentos de mayor tensión «donde los franceses tiraban sillas a los alemanes y los alemanes tiraban botellas a los franceses», obligando a intervenir a la Policía del barco. No se llegó al amotinamiento, «pero estuvimos cerca», confiesa.
También a bordo, tras la sospecha de que el virus pudiera viajar entre el pasaje después de haber partido de Italia, se dieron momentos de pánico, con acopio de alimentos y acaparando la comida del bufet. «Se disputan los pasteles y las naranjas. Se miran con odio y con recelo. Los nervios se desatan», escribe el autor el mismo día en que en España se decreta el estado de alarma, el 15 de marzo.
Ya con perspectiva, Benítez cree que la gestión de la pandemia ha sido «un desastre mayor que el propio coronavirus» por parte de las administraciones, con unos políticos «inútiles» que, a su juicio, «desprecian a la sociedad». «Sánchez va a matar de hambre a la gente», afirma sin tapujos el autor, aunque matiza que «da igual el partido político, se mire por donde se mire los políticos son un desastre» porque «no se puede condenar a la gente al paro, a la miseria, al hambre». «Los confinamientos no sirven para nada. ¿Por qué cierras los bares si me puedo contagiar en el supermercado, o en la farmacia? No es justo», subraya visiblemente decepcionado con la clase política, y ante lo que espera «que la sociedad reaccione». En este «diario de un hombre tranquilo», J.J. Benítez, analiza los comportamientos y terrores de los demás, pero también deja escapar sus inquietudes y miedos, que dejarán de sorprender hasta el final.