«Si en EEUU ha parado el deporte, algo pasa»

Eduardo Gómez
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Cristina Sánchez-Quintanar, entrenadora de tenis en Orlando, ha apostado por quedarse junto a varias de sus jugadoras del equipo de la University of Central Florida

Cristina Sánchez-Quintanar anima a dos de sus jugadoras durante un partido. - Foto: LT

Cristina Sánchez-Quintanar (Campo de Criptana, 1989) está viviendo con incertidumbre y algo de angustia las noticias que le llegan de España. Desde hace cuatro años ejerce como entrenadora del equipo de tenis de la University of Central Florida en Orlando y ha optado por quedarse en Estados Unidos en una época muy complicada por la pandemia del coronavirus.
Desde pequeña destacó en el mundo del tenis. A los 15 años tomó la decisión de apostar fuerte por el deporte y marcharse al Centro de Alto Rendimiento de San Cugat (Barcelona), donde estudiaba y entrenaba. Cuatro años más tarde comenzó su aventura en Estados Unidos para estudiar Comercio Internacional en las universidades de Maryland y  Texas A&M University. Se convirtió en una auténtica estrella del deporte universitario estadounidense, brillando no sólo en tenis, sino también en fútbol y baloncesto, además de forjarse un brillante expediente académico.
Tras cinco años decidió regresar a España para intentar abrirse un hueco en el tenis profesional. Disputó varias finales de torneos ITF e incluso llegó a ganar título individuales y en dobles, pero con un ranking lejano al top 100, vivir de este deporte era para ella imposible, y entendió que gastaba más energías ingeniándoselas para poder estar en los torneos que en la propia preparación de los mismos y que su vida debía dar un giro.
Con 27 años colgó la raqueta y volvió a EEUU, donde ejerce la labor de segunda entrenadora en la University of Central Florida. Vive en Orlando, donde se siente «feliz porque vivo de lo que me gusta, de mi pasión, que es el tenis, algo que en España no podría hacer», argumenta.
Optó por quedarse allí porque «en España no iba a a poder hacer nada y aquí tengo una responsabilidad, que es quedarme con las jugadoras que no se podían ir. Tengo tenistas de India, Francia, Hungría, Croacia… Y en esos países también hay problemas. Además, luego están las cuestiones burocráticas y de visado. Podía ser muy difícil regresar a EEUU y pensé que era mejor no arriesgar».
Habla con sus padres todos los días, ve las redes sociales y sin querer entrar en política, explica que «no sé si se han tomado las medidas más correctas. Mi padre tiene que seguir trabajando y yo me enfado con él porque no quiero que salga de casa, pero es lo que hay. Es mi familia y no quiero que se expongan. Lo vivo con preocupación, pero poco más puedo hacer», relata.
Asegura que en EEUU la población está muy lejos de concienciarse de lo que realmente supone esta pandemia. «Se lo están tomando ahora como en Italia o España al principio», advierte. «Aquí las decisiones se toman por estados y hay unos más afectados que otros.  Donde yo vivo hay toque de queda por la noche, pero es por evitar más que la gente salga de fiesta. Yo estoy en casa, pero puedo salir a la Universidad, hago deporte…. Pero si en EEUU se ha cancelado el deporte te puedo asegurar que es porque algo ocurre». 
En agosto cumplirá 4 años desde que regresó a EEUU y, de momento, ni se plantea volver a España. «Aquí el deporte está a otro nivel. El tenis universitario es muy competitivo, no es profesional, pero de aquí salen luego los tenistas profesionales. Como jugadora ya me encantó y ahora soy feliz entrenando y ayudando a los demás. Es mi trabajo, me pagan bien… Nunca paras porque tienes que preparar entrenamientos, viajes, competiciones, buscar otros jugadores que puedan sustituir a los que ya se gradúan… No tengo mucho tiempo libre, pero aquí hago el trabajo que me gusta y en España, por mucho que se diga, eso sería imposible».