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Antonio Pérez Henares

PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


El bolso de Shakira

01/10/2021

La caza, como todo lo que forma parte de la cultura rural y agraria, ese ecosistema en cada vez más grave peligro de extinción a manos de los urbanitas asfáltico-climáticos-medioambientalistas, está sufriendo un nuevo ataque generalizado. Y no sólo lo afronta en el desamparo sino jaleado una vez más por el magma social de quienes tienen como referente ecológico a Walt Disney y como verdad científica la amistad de Pumba el jabalí con un león.
La última es contra sus perros, que en este caso abarca todos los demás y a los que un tipo que es director general podemita, o sea colocado ahí para trincar 80.000 euros al mes y poner delirios en circulación. El tal Sergio García Torres, aquel que proclamaba que ordeñar a las vacas era un robo criminal y maltrato perverso, además, los quiere castrar a mansalva. O sea, que doctrinariamente recortarles el rabo o las orejas es mutilación salvaje, pero arrancarles los huevos es infinita bondad. A todos, pues incluye a las mascotas o de trabajo (condición que les niega a pastores o ayudantes de policía porque ¡no se pueden afiliar a un sindicato!) y exceptúa únicamente a los seleccionados y dedicados exclusivamente a engendrar regular, estabulada y funcionarialmente.
 Es una más que como digo que se inscribe en esa demolición de la cultura agraria y rural donde se mezcla el gimoteo plañidero de los ‘vaciadoricidas’ con la realidad del abandono, la ignorancia y el desguace de aquello que realmente la sostiene y le podía permitir no sólo resistir sino avanzar.
 Pero mira por dónde puede que se esté abriendo algún rayo de esperanza y que este ha podido venir por el sitio más inesperado. Por ejemplo, por un bolso de Shakira. En el bolso de Shakira puede estar la salvación de la caza. Como lo oyen y se lo voy a explicar.
 Shakira, la cantante aquella tan famosa que ahora me parece, no estoy muy puesto en estas cosas, es la mujer del futbolista Piqué, salió a pasear por la zona alta de Barcelona con su bolso. Debió caminar arriesgada y exploradoramente por algún lugar boscoso y tal vez dejar el Vuitton, supongo que de menor marca no sería, en lugar a su lado mientras descansaba de la aventura, cuando dos malévolos jabalíes que la acechaban se abalanzaron sobre él. Sobre el bolso, digo, y cual terribles piratas se lo intentaron arrebatar. Ella, pásmense, se defendió con bravura pues amen del cariño a su complemento, y no hay complemento que iguale a un bolso de Vuitton, llevaba en él su imprescindible instrumento vital, el móvil.
  Tras ruda y desigual batalla, nuestra heroica Shakira venció, poniendo en fuga a los cerdosos y rescató, aunque con heridas de la batalla, a su bolso.  Acto seguido, claro está, cogió el móvil que por fortuna no había sufrido daños, y colgó ¡qué menos! en Instagram una ‘Story’, hay que decirlo en inglés para no parecer retrasado y demostrar con ello el serlo de verdad, que se ‘viralizó’, que es que lo vieron muchos y le dieron ‘likes’ o sea que bien, que se dice ‘guay’.
 La cosa no podía terminar así y no terminó pues al día siguiente fue noticia en La Vanguardia y es ya aquí a lo que voy. Esos jabalíes no saben lo que han hecho y los cazadores tampoco lo bien que nos puede venir. El bolso de Shakira puede ser nuestra salvación. Porque los guarros pueden destrozar cultivos, hacer polvo huertos, provocar accidentes a mansalva, extinguir al urogallo, acabar con los nidos perdiceros y las camadas conejiles y nadie clamará al cielo ni por ello entenderá que deben ser cazados y controladas sus poblaciones cada vez más abundantes. Pero el bolso de Shakira es otra cosa. Y además en Barcelona. Esto sí que no se puede consentir.