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Un pilar del escudo antimisiles

G. Fernández (SPC)
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Los acuerdos de la OTAN en la Cumbre de Madrid convierten a Rota en una pieza clave de la defensa Atlántica al ampliar de cuatro a seis los destructores de EEUU en la base gaditana

Un pilar del escudo antimisiles

El plan para blindar la seguridad de Occidente en la próxima década que la OTAN aprobó en su última cumbre en Madrid reserva un papel importante para España en la gran partida geoestratégica. En ese tablero mundial, la base gaditana de Rota se va a convertir en una pieza clave del escudo antimisiles que protege a todos los países cobijados bajo el paraguas de la Alianza Atlántica.

El acuerdo suscrito entre el presidente norteamericano, Joe Biden, y el español, Pedro Sánchez, para ampliar de cuatro a seis los destructores anclados en Rota supone la consolidación del complejo naval sureño como el pilar marítimo de la coraza contramisiles de la OTAN y como el principal destacamento del Ejército estadounidense en territorio español, casi 70 años después de un desembarco que, en lo más caliente de la Guerra Fría, cambió por completo en 1953 la realidad de la localidad gaditana y a toda la comarca en su conjunto. 

La base de Rota ocupa cerca de 2.500 hectáreas en el norte de la bahía de Cádiz. El suelo es español y está bajo el mando de un vicealmirante de la Armada. 

Un pilar del escudo antimisilesUn pilar del escudo antimisilesSin embargo, el uso de las instalaciones -que incluyen 2.400 metros lineales de muelles y un aeródromo con una pista de 3.700 metros- es compartido y más del 80 por ciento se destina al destacamento de las barras y estrellas. El Convenio de Cooperación para la Defensa entre España y Estados Unidos, firmado en 1988, establece que Washington puede desplegar hasta 4.250 militares y un millar de civiles, así como 31 aeronaves. En 2012, además, Madrid y la Casa Blanca acordaron el despliegue de cuatro destructores de la clase Arleight Burke a los que ahora se van a sumar otros dos buques de estas características tan especiales.

Los destructores Arleigh Burke están unánimemente reconocidos como una de las joyas de la Armada de EEUU. Son la referencia naval de la primera potencia mundial y los más poderosos «enemigos» de los misiles balísticos. 

Los expertos lo tienen claro: «Son unos buques formidables», subrayan. Se trata de naves grandes, de entre 8.200 y 9.500 toneladas, según la versión, y de unos 155 metros de eslora. Dotados de radares de última generación y con un armamento potente integrado por torpedos, misiles antibuque Harpoon y de crucero Tomahawk forman parte del arsenal más avanzado de la Alianza para actuar ante amenazas de misiles balísticos.

¿Cómo funciona la coraza?

El escudo que protege a los aliados es un sistema de defensa basado en una serie de radares y buques con capacidad de identificar y destruir cohetes mediante el lanzamiento de proyectiles interceptores, misiles interceptores que carecen de carga explosiva.

Un pilar del escudo antimisilesUn pilar del escudo antimisilesSu implantación en Europa arrancó en 2010. En aquel entonces se pensó, básicamente, para combatir la creciente amenaza de Corea del Norte e Irán -dos estados nucleares que podrían volverse incontrolables- pero ahora el riesgo mayor viene del Kremlin.

Todas las operaciones de este sistema se dirigen desde la base aérea de Ramstein (Alemania), pero el radar principal se encuentra en la ciudad de Malatya en Turquía. 

Cuando este radar detecta un misil balístico intercontinental en dirección a territorio Atlántico, un cohete interceptor es lanzado desde una de las bases que la OTAN cuenta en territorio europeo para repeler su trayectoria y destruirlo. 

Un pilar del escudo antimisilesUn pilar del escudo antimisiles Saldrían o bien de uno de los dos complejos de lanzamiento situados en tierra, ubicados en Deveselu (Rumanía) y Rezikowo (Polonia) o bien de alguna de las seis naves del 60 Escuadrón de Destructores de la Sexta Flota estadounidense, estacionado en Rota.

Los buques americanos patrullan desde el mar Mediterráneo hasta las aguas del Ártico y completan la capacidad defensiva de un complejo entramado que ahora vuelve a ganar relevancia con la invasión de Ucrania y el creciente tono amenazante de la Rusia de Putin; el tradicional enemigo, ahora recuperado, de los países occidentales. De ahí el interés de Washington por ampliar su presencia en Rota con dos barcos más.

Cohetes 'satán' de Putin

Para el mandatario ruso, el escudo antimisiles es una señal inequívoca del interés de Estados Unidos por expandir su influencia hasta la frontera rusa, aunque Estados Unidos siempre recalcó que este mecanismo se dirigía a combatir los riesgos procedentes del exterior de las fronteras europeas. 

Como respuesta, Moscú ha desarrollado misiles hipersónicos. Al menos sobre el papel, estas armas dispondrían de una velocidad y de una trayectoria indetectables para el escudo antimisiles. Con el incremento de las hostilidades en Ucrania, los ensayos crecientes del Ejército ruso están generando una preocupación notable en Occidente, que se ha acrecentado con las pruebas de China con armamento de similares características.

Un pilar del escudo antimisilesUn pilar del escudo antimisilesDe hecho, en plena invasión del territorio ucraniano Putin decidió hacer toda una exhibición de músculo militar con el lanzamiento de prueba del misil balístico intercontinental RS-28 Sarmat, también conocido como Satán II, que fue lanzado desde el cosmódromo de Plesetsk y alcanzó su destino a 6.000 kilómetros de distancia en el polígono de Kurá, en la península de Kamchatka. 

El Pentágono (tal vez imitando la táctica de los boxeadores de sonreír cuando les llega un golpe que les hace daño) restó importancia al lanzamiento de este artefacto. El líder del Kremlin, sin embargo, lo calificó como «el más potente del mundo», y subrayó que tenía capacidad para llevar una carga nuclear.

Y no solo eso. En un aviso a navegantes advirtió que el Satán II era capaz de «superar todos los medios modernos de defensa antimisiles».

Por suerte, hasta ahora no se ha comprobado la veracidad del alarde de Putin sobre su arsenal ni si las capacidades del cohete son tan letales. En todo caso, la vieja máxima latina de Si vis pacem, para bellum (Si quieres la paz, prepara la guerra) sigue plenamente vigente... casi 2.000 años después.