Miguel Romero

CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Los hijos de la guerra

18/07/2022

Hablar sobre los hijos de la guerra es volver a reflexionar sobre esa otra expresión, más común si cabe, que es la de 'niños de la guerra', más que nada porque nos trae al recuerdo todos aquellos niños y niñas españoles que durante el exilio de nuestra guerra civil de 1936 tuvieron que marchar lejos de su patria para vivir, a partir de ese momento, en países extranjeros como Francia, Rusia o México.
Y no dejamos pasar el tiempo sin que olvidemos este término porque el mundo está 'loco y engreído', y en ese contexto hipócrita siguen siendo los niños quienes vuelven a pagar el pato de las malas y torpes decisiones de los adultos, esas personas que creen tener la potestad sobre el resto, se creen dueños y señores de la voluntad humana y por culpa de una política de poder, de dominio, de opresión, de dinero y de ignominia avasallan, matan, destruyen, abusan, trafican y pervierten la moralidad humana como si de ellos fuera esa Tierra en la que queremos vivir en paz y libertad.
Nos estamos acostumbrando a ver esas imágenes. ¡Triste, sin duda, que el ser humano se acostumbre a ver maldad, tortura, vejación y muerte¡ Y todo ocurre porque ocurre, sin causa aparente salvo la decisión del teócrata o del dictador, del 'loco de turno' al que le hacen caso otros cuántos que apenas saben discernir entre lo que es el bien y el mal. Necios e Idiotas.
Tras una pandemia con confinamiento incluido y la erupción del volcán de la Palma, nos enfrentamos al conflicto entre Rusia y Ucrania. Y no hace mucho, era Siria, y sigue estando el conflicto de Gaza, el de Afganistán o el de Yemén, Angola y...
En una situación tan extrema como esta, es inevitable que los niños capten nuestro nerviosismo, nuestro creciente interés por las noticias, nuestras conversaciones agitadas y nuestra incertidumbre. Cómo podemos explicar a nuestros menores esas imágenes en las que niños aparecen ahogados en la costa del Mediterráneo, o donde ucranianos pierden sus brazos, o sus piernas, o lloran porque no tienen donde refugiarse, comer, vivir en el sentido más literal. ¿Cómo explicamos eso a nuestros niños?
Y es que, los niños ucranianos, rusos, palestinos o afganos están viviendo la crueldad como algo cotidiano, el huir, el correr, el ver cadáveres y cadáveres por las calles, el sentir el sonido horrible de la sirena para buscar un refugio, el cómo afrontar una vida donde el juguete es un obús, una pistola o un Kalashnikov. Ellos son 'hijos de la guerra', pero también lo son, los niños españoles, franceses, portugueses o de otro país, que ahora, ante la carencia de alimentos, el alza desmesurada de precios y el paro obrero, no tienen dónde comer, donde dormir o cómo afrontar –en medio de la pobreza en la que nos ha sumido la crisis bélica- porque ellos, también, son 'hijos de la guerra' que aún estando lejos –allá está Ucrania- la viven en sus propias carnes por pobreza, hambruna y miseria.