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Pilar Gómez

MIS RAZONES

Pilar Gómez


Regreso a Ermua

11/07/2022

Hace 25 años ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco. En Ermua, una ceremonia austera, bajo la presidencia del Rey y con la presencia del jefe del Gobierno, ha honrado su recuerdo. Hace un cuarto de siglo, el corazón de toda España se paralizó al conocerse el trágico final del secuestro del joven concejal del PP. Una reacción de dolor e ira llenó las calles del país, desde Bilbao a Barcelona. Todas las esquinas de la península se llenaron de manos de blanco en rechazo de la barbarie. 
No fue un espejismo. Fue, eso sí, un movimiento efímero. El PNV, temeroso ante la ofensiva de los demócratas, pactó con el brazo político de los criminales. Luego, Zapatero, con una negociación oscura y fraudulenta, dio nuevos bríos a la banda hasta que, finalmente, alcanzó sus objetivos de instalarse en las instituciones y convertirse en elemento decisivo en el gobierno de su comunidad. Y más allá.
Con Pedro Sánchez, Bildu, herederos de quienes asesinaron a Miguel Ángel, han dado un paso más allá. Han sido acogidos como socios de honor del Gobierno y se han convertido en pieza clave para formar la mayoría parlamentaria del grupo parlamentario socialcomunista. El presidente los mima como una pieza necesaria para su continuidad en el cargo. Los escucha, los atiende y hasta les entrega algo tan delicado como es la elaboración final de la Ley de Memoria Democrática, con la que los amigos de los etarras se disponen a reescribir nuestra reciente Historia. Ellos se encargarán del famoso 'relato'. Tanto que incluso han decidido que la dictadura no acabó con la instauración de la monarquía parlamentaria sino que llegó más allá, hasta el tercer año de Felipe González en la Moncloa. Una relectura falsa y maniquea de la Transición. Una forma de dinamitar el pasado para adaptarlo a lo dispuesto por quienes ni han condenado ni han pedido perdón por el mal causado. Por un partido en cuyo vértice figura Arnaldo Otegi, un terrorista, condenado y nunca arrepentido.
Mientras pacta y negocia con esos socios, Sánchez juega al engaño y se presenta en Ermua para asistir a la ceremonia en memoria de quien fue asesinado por quienes ahora le acompañan en su Gobierno. Una contradicción que, evidentemente, enerva a las víctimas, que optaron por ausentarse, mayoritariamente, del acto. En círculos de la Moncloa se preguntan a veces qué les ocurre que, pese a la cantidad de iniciativas que lleva a cabo este Gobierno, las encuestas les son crecientemente hostiles y decenas de miles de simpatizantes socialistas han optado por pasarse al PP. Basta con que se asomen a estos acuerdos con Bildu para que encuentra una rápida y expresiva respuesta. Sánchez tiene una idea hiperbólica de la medida de las tragaderas de sus votantes. Un grave error.