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"Lloré por Samuel porque podría haber sido yo"

EFE
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Cada vez son más las voces del colectivo LGTBI que vencen sus temores y relatan las presiones que sufren, sobre todo desde la muerte de Samuel Luiz a primeros de julio

"Lloré por Samuel porque podría haber sido yo" - Foto: EUROPA PRESS/CEDIDA

Carlos, un joven andaluz de 34 años, ha sufrido homofobia en su pueblo desde que era niño, antes siquiera de saber que era homosexual: los insultos y las amenazas un día se convirtieron en agresión física que, tras un largo camino judicial, fue reconocida con la agravante de delito de odio por homofobia. Tras el asesinato del joven Samuel Luiz el pasado mes de julio en La Coruña, Carlos alzó la voz y contó su historia, porque considera que estas agresiones son intolerables y ha llegado el momento de que se denuncien estos comportamientos.

«Siempre tienes el riesgo, al ser visible. Si no fuese visible no tendría tantos problemas, pero como se te nota que no eres igual que ellos, ya es motivo para que te peguen. (...) Lloré en la concentración por Samuel porque siento que podía haber sido yo, que me podía haber pasado a mí directamente, por eso he decidido hablar aunque es un tema que no me gusta remover», explica este joven andaluz.

Carlos cuenta que es «de los gais que no puede ocultarlo» y que en su pueblo lo «machacaron» desde pequeño por su condición sexual, incluso antes de que fuera consciente de su homosexualidad. Conforme fue creciendo, empezaron a ponerle apodos, a insultarlo y amenazarlo en las redes sociales.

«Un día, a la salida del autobús, en pleno centro, me cogieron dos chicos y empezaron a insultarme y a llamarme maricón. Yo normalmente no salto porque sé lo que hay detrás, pero ese día salté y les pregunté qué problema tenían conmigo. Uno me agarró mientras el otro me dio un puñetazo en el oído», recuerda.

Ese mismo día, Carlos denunció en la Comandancia de la Guardia Civil los hechos, que dos jueces diferentes calificaron como falta sin la agravante de delito de odio por homofobia, pero tras el segundo recurso un tercer magistrado sí la consideró.

El joven, que se fue del pueblo a una gran ciudad, lamenta que sufrir violencia esté normalizado en el colectivo LGTBI y hace un llamamiento a que las víctimas denuncien. A su juicio, la sociedad se ha polarizado mucho con el discurso de la extrema derecha que, señala, está calando entre los más jóvenes.

«Somos supervivientes»

Espina es una joven trans sevillana de 24 años que asegura que los insultos, la discriminación y las miradas hostiles son su «día a día»: «Aquí todo el mundo quiere meterse en tu vida, como si tuvieras un problema, coartarte la libertad. (...) Cada persona encuentra la manera de poder sobrevivir», relata.

«Parece que tenemos que ser maniquíes, y no solo la transexualidad y la homosexualidad, cuando te sales un poco de lo normativo, del canon impuesto, del blanco y del negro, al final te acaban señalando. Pero la vida tiene muchos colores y yo, aunque me vista de negro, por dentro soy de purpurina», defiende.

Espina ha denunciado en más de una ocasión agresiones. La primera vez, estaba en el instituto, aún no había hecho la transición, y varios compañeros fueron expulsados del centro como consecuencia de su comportamiento. «Despuntaba por la manera de vestir, yo tenía cara de niña y eso daba lugar a agresiones de todo tipo. No podía pasar por un pasillo, me estaban esperando y me tiraban al suelo, me escupían, me pisaban la cabeza, me querían quitar la ropa», rememora. Esta chica hispalense asevera que los delitos de odio contra el colectivo LGTBI se denuncian poco porque la Policía no los cree y la Justicia tampoco se moviliza para condenarlos: «Hace un año me amenazaron de muerte, lo denuncié y aún no me han llamado», critica.

Tras el asesinato de Samuel, estuvo un día entero llorando y sintió «una impotencia muy grande»: «Es muy duro que una persona, sin hacerle nada a nadie, la última palabra que escuche antes de morir sea maricón y luego la maten». Espina pide educación en diversidad tanto en los colegios como en las empresas para mitigar estos comportamientos y hace hincapié en no identificar al colectivo LGTBI exclusivamente como víctima.

«Está muy bien visibilizar las agresiones, pero hay que reforzar también la imagen de supervivencia, contar que se puede, que somos muchos y hemos tirado para adelante porque mucha gente se acaba suicidando», concluye. Desde la Federación Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (Felgtb), la experta en delitos de odio Arantxa Miranda destaca que el porcentaje de infradenuncia por lgtbifobia es altísimo y aboga por formar a los cuerpos policiales.