1.388 familias acuden por primera vez a Cáritas en pandemia

N. S.
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Son 89 más que en todo el año 2019. La ONG católica advierte del aumento en cuatro meses y medio de la atención a mujeres en contextos de prostitución y trabajadores que operan en la economía sumergida

1.388 familias acuden por primera vez a Cáritas en pandemia

Son invisibles, personas, familias enteras que han caído en las garras de la vulnerabilidad, en el abismo de la pobreza que ha abierto la pandemia. Para muchas de ellas su situación solo ha hecho más que empeorar en estos meses. Otras tantas es la primera vez que se han visto forzadas a recurrir a la caridad. Son las víctimas de una larga lista en el terreno económico y social que está dejando tras de sí la COVID-19.

Cáritas Ciudad Real conoce los rostros, los nombres y apellidos y las situaciones que hay detrás de unas cifras que resultan obscenas. La organización católica atendió del 16 de marzo al 30 de junio a 3.272 familias de toda la provincia, frente a las 4.771 de todo el año 2019. De estas familias, 1.388 era la primera vez que acudían en su vida a pedir ayuda para alimentos, fármacos, alquiler o el pago de suministros, superando en 89 a las 1.299 que recibieron por primera vez ayuda durante todo el pasado ejercicio.

«Sólo hay que comparar los números con 2019 y eso que no está todavía incluida la campaña de temporeros, con la que las intervenciones se vuelven a disparar». Dolores Olmedo, coordinadora del programa de acogida y familias de Cáritas de la Diócesis de Ciudad Real apunta a La Tribuna una de las cuestiones más significativas de los datos que han ido recogiendo puntualmente, cada 15 días, en cada uno de sus centros en la provincia: los nuevos rostros, las personas que nunca habían tenido que pedir ayuda y que nunca hubieran pensado que tuvieran que hacerlo.

En estos casos, Olmedo llama la atención sobre sus perfiles. Por un lado, mujeres en contexto de prostitución, que las han echado de los clubes donde se encontraban o que ejercían la prostitución en pisos y casas. «Estaban invisibilizadas y debido al COVID-19 sus casos han salido a la luz». También están recibiendo atención aquellas personas que operaban en negro. Son los trabajadores empleados, total o parcialmente, en la economía sumergida. Aquellos cuyas rentas dependen de trabajos esporádicos o cobran una parte de sus ingresos en negro, y que están esparcidos por casi todos los sectores productivos, principalmente servicios y agricultura. «Han sido los más afectados por primera vez, al no poder salir a trabajar porque estaba todo paralizado», junto a familias con menores al cargo cuyo uno o los dos miembros están inmersos en un ERTE en sus empresas.

Olmedo explicó que de las 3.272 familias que han recibido ayuda de Cáritas durante la pandemia, 2.105 han regresado en varias ocasiones, no han recibido una sola intervención de los programas y líneas de ayuda que tiene abiertas la ONG católica. «El nivel de atención ha sido muy elevado, y se disparará a partir de ahora, sobre todo en septiembre, con la campaña de temporeros. Abril y mayo fueron los meses de más impacto y en concreto, las últimas quincenas, ya que el primer mes hubo familias que pudieron ir tirando con ahorros pero enseguida se empezó a notar la urgencia», indicó la responsable de Cáritas.

intervenciones. El total de intervenciones realizadas en el periodo del 16 de marzo al 30 de junio han sido 10.404 y los recursos empleados más 290.300 euros. De esta cantidad, un 77,4% ha ido para ayudas de alimentación e higiene, la mayoría por transferencia bancaria y mediante vales para comprar en tiendas y supermercados para que la gente decidiera qué necesitaba realmente y donde podía invertirlo mejor. «Otras entidades han repartido alimentos pero nosotros optamos por la independencia de la persona, los no perecederos están cubiertos y así nuestra ayuda va dirigida a aquellas cuestiones como carne, pescado, fruta que no se cubren y para lo que necesitan dinero».

Un 12,1% del presupuesto, unos 35.000 euros, ha ido a beca de talleres, en total 257. Había familias que estaban realizando un taller educativa en Cáritas, que quedaron parados con la emergencia sanitaria. Muchas de ellas recibían un dinero para asistir que utilizaban para afrontar el alquiler o suministros, por lo que Cáritas decidió no cortar esas becas aunque no asistieran a los talleres. Para gastos de viviendas, recibos de luz, alquiler, hipoteca, las ayudas han sido de un 5,6% de la cuantía total. Se han cubierto también, entro otras cosas, gastos de farmacia, que han ascendido a 204 ayudas.