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Esther Jiménez, de Ciudad Real al trono europeo

Eduardo Gómez
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La ciudadrealeña es la entrenadora del Amiab Albacete, que el domingo se proclamaba campeón continental de baloncesto en silla de ruedas

Esther Jiménez. - Foto: Rubén Serrallé

El Amiab Albacete hacía historia este domingo al proclamarse campeón de Europa en Frankfurt (Alemania) tras vencer en la final al Ilunion madrileño.  Antes había dejado en la cuneta a otros dos grandes conjuntos, el Cantú italiano y el Thuringia alemán. Un triunfo que también llega a la provincia, pues Esther Jiménez, la entrenadora del equipo, es ciudadrealeña, y a sus órdenes tiene al bolañego Fran Lara.

Licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, Jiménez cursó posteriormente dos másteres, y las puertas del club albaceteño se le abrieron al realizar el trabajo de fin de grado con el equipo. Como jugadora militó en el colegio Marianistas y después en equipos de Toledo como el Polígono y el CEI, donde fue entrenadora-jugadora, hasta que se mudó a Albacete, donde realizó esta doble función en el EBA.

En el Amiab empezó realizando funciones burocráticas y de traductora, pasó a ser la entrenadora asistente en 2018 y fue la elegida para tomar las riendas del equipo mediada la pasada temporada, logrando entonces la Copa del Rey.

Es la única entrenadora de la Liga Española de Baloncesto en Silla de Ruedas, título que se asegurará el Amiab también este fin de semana salvo sorpresa, y curiosamente sucede en el trono europeo al RSV Lahn-Dill alemán, que está dirigido por otra mujer, la canadiense Janet Zeltinger.

A sus 28 años, la ciudadrealeña no oculta que aún no ha asimilado este éxito, que considera fruto «del trabajo, el esfuerzo y el sacrificio».  No es la única mujer del equipo, pues en la plantilla hay dos jugadoras, y asegura que en el baloncesto en silla de ruedas la presencia femenina «está absolutamente normalizada», por lo que nunca ha tenido problemas. «Soy una más dentro del equipo», afirma.

Más allá del título, que no oculta era un objetivo del club, la manchega espera que este éxito contribuya al crecimiento del baloncesto en silla de ruedas «y seamos un ejemplo para el resto de la sociedad, de que con trabajo y esfuerzo todo se consigue».

El título también tuvo su cruz, pues la compañía aérea que trajo a la expedición de regreso no embarcó las sillas de paseo de siete de los jugadores, un problema terrible para los afectados. «Fue inhumano, no sé cómo calificarlo», admitió.

En cuanto a su futuro, primero desea cerrar este fin de semana el título de Liga «y cuando asumamos todo lo que estamos viviendo ya pensaremos  en la próxima campaña», mientras recalca la importancia de seguir teniendo «humildad».