Huellas trashumantes

Ana Pobes
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La familia Belenchón cruza la provincia con sus 2.800 ovejas y 230 vacas con destino La Carolina, en Jaén, para huir del frío y la nieve de Guadalaviar, en la provincia de Teruel

Huellas trashumantes - Foto: Rueda Villaverde

La Sierra de Albarracín, en Teruel, y la provincia de Ciudad Real están unidas desde hace décadas por la trashumancia. Es lo que se conoce como el traslado del ganado desde las dehesas de verano a las de invierno, y viceversa. En noviembre, el ganado ovino y bovino de la familia Belenchón huye del frío y la nieve de Guadalaviar, en la provincia de Teruel, y emprende viaje hacia La Carolina (Jaén) atravesando Castilla-La Mancha en busca de pastos y mejor clima. En Andalucía permanecerán hasta junio, cuando emprenderán el camino de regreso a Teruel huyendo, en esta ocasión, del fuerte calor. 

Un trayecto que ‘los belenchones’, como así se les conoce popularmente, vienen realizando cada seis meses desde hace más de 40 años, este año también con mascarillas. Conocen a la perfección los entresijos de este ritual que ha ido cambiando con el transcurso del tiempo. Primero, recuerda María Rodríguez, se hacía en tren, después en camión y ahora andando. El motivo, ahorrar costes. Un camión suele costar unos 1.200 euros y «son muchos los camiones que se necesitan» para poder transportar centenares de cabezas de ganado. 

María, junto a otros ocho familiares, recorren más de 400 kilómetros en apenas un mes, y lo hacen junto a 2.800 ovejas, 230 vacas y 30 perros. Una gran familia, no solo de sangre, en la que cada uno tiene su función. Ella; su marido, Andrés Belenchón; y su sobrino, Alejandro, se encargan de montar el campamento, preparan las comidas y llaman a la Guardia Civil en cruces conflictivos. Juan y Enrique van pastoreando las ovejas, mientras de las vacas se encargan Juan Antonio, Fran, Raúl y José. Todos dan continuidad a una tradición ganadera que mantiene viva la llama de la trashumancia, que, lamentan, poco a poco caerá en el olvido por la «falta de relevo generacional». De momento, su hija, de 27 años, «se ha enganchado a la ganadería, pero es un mundo muy sacrificado y solo da para subsistir. Cada día la Administración aprieta más a los ganaderos y esto da lo que da. Nuestra pasión es esto, y nos gusta mucho, pero las cosas cada vez se ponen más difíciles. En el momento que no se pueda, tendremos que dar carpetazo como los demás», asume con resignación. 

Huellas trashumantesHuellas trashumantes - Foto: Rueda VillaverdePozo de la Serna forma parte de la Cañada Real Conquense o también conocida como ‘De los Serranos’. Sus vecinos ya son espectadores habituales del espectáculo que supone ver pasar miles de ovejas al lado de casa. Incluso, los más pequeños salen de la escuela para conocer una de las costumbres más ancestrales. A unos cuantos metros se encuentra Charo Carrillo, quien cada año se traslada desde Alcubillas para presenciar el espectáculo. En esta ocasión lo hace acompañada de su hija, Silvia Rodríguez, y su tío, Gabriel García. «Somos espectadores fijos. Una vecina amiga nos da el chivatazo y venimos todos los años. Somos gente de campo y si nos llaman para esto no dudamos en venir. En cambio, si nos invitan a un restaurante caro decimos que no», comenta entre risas mientras observa la llegada del ganado, ese que hoy cambiará de provincia para llegar en un par de días a su destino final, La Carolina. 

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