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Vidas entre rejas

Agencias
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Los protagonistas de tres de los crímenes más mediáticos de los últimos años -Igor, 'el ruso', 'El Rey del cachopo' y 'el Caníbal de Ventas'- tienen actitudes muy distintas en las respectivas cárceles en las que están internados

Vidas entre rejas - Foto: CRIS BOURONCLE

El Rey del cachopo, el Caníbal de Ventas e Ígor, el ruso. Son los alias de tres acusados de algunos de los crímenes que más han impactado en España en los últimos años. Eso es lo que tienen en común, porque su vida, o su actitud, tras las rejas de la cárcel es muy diferente.

Norbert Feher es Ígor, el ruso. Ya se puede borrar el calificativo de presunto cuando se habla o se escribe de él, porque la Audiencia Provincial de Teruel le ha condenado a prisión permanente revisable por los asesinatos a tiros de un ganadero y de dos guardias civiles en una zona rural del municipio turolenses de Andorra el 14 de diciembre de 2017. Cuando este serbio nacido en la ciudad de Sobotica en 1981 llegó a España, su mochila ya cargaba con un amplio historial delictivo que engordó en Italia.

Según el tribunal que le condenó, no podrá acceder al tercer grado al menos hasta que cumpla como mínimo 22 años de cárcel. Para entonces, tendrá 62 años y estará encarcelado por haber perpetrado tres asesinatos con alevosía, ensañamiento y de forma sorpresiva.

Desde que fue detenido en la noche del 14 de diciembre de 2017, madrugada ya de 2018, ha pasado por tres centros penitenciarios: el de Teixeiro, en La Coruña; el de Dueñas, en Palencia; y el de Zuera, en Zaragoza.

Diversas fuentes le describen como un hombre bastante inteligente -él mismo dice que habla seis idiomas-, pero muy agresivo. Tanto es así que acumula un buen número de sanciones por agresiones a funcionarios. Y eso que vive prácticamente en un régimen de aislamiento muy parecido al que se le impone a los condenados clasificados en primer grado. Casi todo el tiempo de su reclusión lo ha pasado solo, en una celda donde desayunaba, comía y cenaba. Apenas ha tenido relación con los funcionarios y ha sido casi nula con otros presos, salvo en las pocas ocasiones en las que ha podido salir al patio con otro recluso en las tres horas a las que tiene derecho.

«Muy observador», como comentan las fuentes consultadas, a Feher le gusta comunicarse con frases tipo sentencias. En una ocasión, y ante la foto de Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI, que tiene colgada en una celda «muy ordenada», se percató de que un trabajador estaba de vacaciones y le envió una instancia en la que le avisaba: «Cuidado. Cuando el gato no está en la cocina, los ratones bailan».

Y de la cárcel de Dueñas, desde la que fue trasladado a la de Zuera para el juicio, se quiso despedir de forma violenta y no sin antes dejar una nota manuscrita en su celda que, textualmente, decía: «El tiempo no es más que una ventana. La muerte no es más que una puerta. Regresaré y os buscaré a cada uno de vosotros».

Después, con un trozo de azulejo en forma de triángulo que él mismo arrancó, agredió a los cuatro funcionarios que integraban el dispositivo de control de interno para su traslado. Ya había avisado de que la iba a montar cuando le llevaran ante el tribunal.

 

Salir en los medios

César Román es el Rey del cachopo y se ha sentado estas dos últimas semanas en el banquillo de la Audiencia de Madrid acusado de matar y descuartizar a su novia, Heidi Paz, cuyo cuerpo fue hallado desmembrado dentro de una maleta en una nave industrial del barrio madrileño de Usera. Era el 13 de agosto 2018.

Su defensa preparó el proceso a conciencia, dando a conocer antes del inicio del proceso informes de expertos en criminología que dudan de la participación de Román en la muerte de Heidi Paz. De hecho, ante el tribunal, el acusado siempre ha defendido su inocencia. «No existe ni una sola prueba en el sumario que le vincule», asegura su abogado sobre un caso que ha atraído la atención de los medios tanto como estos atraen al presunto asesino. De hecho, esto le ha costado varias sanciones, ya que ha llegado a aprovechar el derecho a una videconferencia con su hermana para utilizar un teléfono prohibido y salir en un programa de televisión. Y con un minúsculo móvil, quien se jactaba de cocinar el mejor cachopo del mundo, concedió una entrevista para un podcast al que tuvo acceso El Español.

«No quiero ser menos que los presos del procés», señalaba en esa entrevista el Rey del cachopo, un recluso que las fuentes consultadas no dudan en calificar como «soberbio», «egocéntrico» y «manipulador». Hasta ha llegado a contar a otros reclusos que la víctima de cuyo asesinato se le acusa pertenecía a una banda de narcos, lo que también defendió en el juicio.

Poco después de ingresar en la cárcel por ese supuesto delito, pidió a un educador ser cocinero de la prisión, la madrileña de Soto del Real, pero no reunía los requisitos de confianza para ello. Y es que Román ya había pisado antes la cárcel, en concreto la gaditana de Puerto II en 2008 por atacar a un cliente con un vaso en un bar. También fue condenado a 15 meses de cárcel por saltarse una orden de alejamiento de su exmujer y maltratarla en presencia de su hija.

Saltarse las reglas de la cárcel también le ha costado otros tipos de condena, como privarle del paseo.

 

Anodino encierro

Alberto Sánchez es el Caníbal de Ventas (Madrid) y el miércoles 5 de mayo, tras la vista oral que tuvo lugar en la Audiencia Provincial de Madrid, fue declarado culpable de haber matado en febrero de 2019 a su madre y comerse después sus restos. Durante ese proceso y en su derecho a la última palabra, la tomó para pedir perdón por el macabro suceso que había protagonizado: «Estoy muy arrepentido. Sufro ansiedad desde que me levanto, pienso en mi madre y se me cae el alma al suelo». «Pido perdón a toda mi familia, a mi hermano, a todas la mujeres y a todas las madres, estoy arrepentido», continuó tranquilo, como lo estuvo en todas las sesiones del juicio y como lo está en su celda de la cárcel de Alcalá-Meco.

Por el momento, no ha provocado ningún tipo de incidente y no se le ha tenido que aplicar ninguna limitación regimental, ni siquiera el protocolo antisuicidios, indican fuentes penitenciarias. Con motivo del juicio y por las medidas anticovid, cuando volvía de las sesiones permanecía aislado en la enfermería en una celda acristalada y con vigilancia.

Pese al horror del crimen del que se le acusa, el resto de los presos no adopta ninguna actitud de rechazo hacia él, más allá de que alguno le haya apodado comemadres.

De la decisión del tribunal dependerá su permanencia en la cárcel de Alcalá-Meco o su traslado a algún centro psiquiátrico.