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Humanizar antes del COVID

Hilario L. Muñoz
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Los profesionales de la UCIde La Mancha Centro, uno de los epicentros de la pandemia, tratan de recuperar su premiado proyecto de mejora de la unidad de cuidados intensivos tras los dos años de trabajo incansable frente al coronavirus

Humanizar antes del COVID - Foto: Rueda Villaverde

En 2016, la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de Alcázar de San Juan decidió avanzar en el trato a los pacientes, dejando de centrarse solo en la enfermedad, para atender otras necesidades que tienen en la UCI. Aquel año hubo una enfermera de esta unidad, Virginia Soto, que planteó la posibilidad de integrar la UCI en un proyecto de humanización nacional, surgiendo meses después el llamado espacio HU-Ci Mancha Centro. Se trata de una iniciativa que creció en sus primeros años con varios grupos y actividades, tratando de hacer lo más placentera posible a los pacientes y familiares el paso por una unidad. 

«Humanizar hemos humanizado siempre, un sanitario humaniza desde el minuto 1 y esto ha servido para mejorar la atención sanitaria», explica la TCAE Elena Aznar. «Los pacientes están mucho más relajados», indicó Gema da Silva, DUE del Mancha Centro. «Te explican que tienen miedo a veces, fruto de la medicación, y consigues que el nivel de ansiedad se reduzca». Susana Mazón señaló que «se ha implicado a las familias» en esta iniciativa, lo que han agradecido, haciendo un servicio más abierto. «Estamos encantados y sobre todo los pacientes porque siempre se ha asociado la UCI a un paciente como un espacio agresivo, no solo por las medidas que se toman, sino por la situación en la que se está, aislado, sin compañía de familiares», dijo Jaime Serrano, el jefe de servicio. 

De esos primeros grupos de trabajo surgieron proyectos sencillos, como una biblioteca, con libros donados, o musicoterapia, abriendo la UCI a conciertos. «Los pacientes están en una habitación 24, 48 horas o un mes mirando al techo y ese entorno es una UCI hostil y fría» que se buscó cambiar con estas primeras propuestas. Luego surgieron nuevos conceptos como una guía de actuación, donde se creó la denominada «información intermedia», hablar con los familiares para tranquilizar y dar las normas de la unidad; «un control de ruidos», para garantizar el descanso de los pacientes; o «un timbre», algo tan sencillo como una luz, que alerte de que hay algún familiar en la puerta y que vale tanto a la hora de dar las altas o por si traen algún objeto personal a los pacientes. Igualmente, hubo otras medidas como cortinas, que permiten dar «dignidad» a los pacientes. Por último, hubo un grupo de muerte digna, para facilitar el último momento, y para lo que se creó una nueva habitación, «con dos sillones más cómodos o un calentador de agua para infusiones» y que el paciente que puede fallecer se ubique lo más próximo que se pueda a esa habitación, independiente de la sala de espera del resto de familiares.

Humanizar antes del COVIDHumanizar antes del COVID - Foto: Rueda VillaverdeDe este inicio hubo una idea que permitió ampliar los servicios. Se inició un concurso de relatos cortos y con el apoyo de la Gerencia, Colegio de Enfermería y Ayuntamiento de Alcázar de San Juan, se impulsó, logrando premios la UCI, que los profesionales sanitarios lo reinvirtieron en sus pacientes. Compraron dos pedaliers, «que mejoran la movilidad de pies y manos de los pacientes que están en la UCI» o dos lavaderos de pelo, para mejorar su cuidado en la unidad. También se adquirieron radios que hicieran la compañía, una por cada box, pizarras para facilitar el diálogo entre profesionales y pacientes. Ese diálogo es clave en pacientes con traqueotomía, para lo que también tienen documentos con «pictogramas para facilitar la comunicación con conceptos básicos, como frío, calor, miedo o posibles preocupaciones». 

Una de las últimas líneas de trabajo suscitadas fueron los paseos que curan, dirigidos a pacientes casi estables, con el objetivo de que volvieran «a sentir el frío en la cara, el calor en las mejillas o el viento», saliendo de la UCI y yendo a la calle con sus familiares, médicos y enfermeros. En uno de esos paseos una de las pacientes conoció a su nieto. 

La pandemia en la UCI.  

En marzo de 2020 el proyecto se frenó en seco. «Pasamos de un escenario de apertura a uno en el que hubo que cerrarla aún más de lo que ya estaba», indicó el jefe de servicio de la UCI, con restricción y distancia como palabras clave. «No quedó otra» y es que La Mancha Centro fue uno de los hospitales que recibió mayor impacto de la primera ola del coronavirus, quintuplicando las camas que normalmente cuenta en UCI y tratando de contener la situación. «Humanizamos dentro de lo que pudimos, todos los pacientes que estaban sé que no se fueron solos y alguna compañera estaba a su lado». Se trata de un aspecto que «se transmitió a las familias», porque ya no podían acompañar a su familiar. «Éramos nosotras las que les cogíamos la mano y eso lo vivimos en primera persona y fue lo más duro y lo más bonito a la vez», indicaron las profesionales de Enfermería. «Curiosamente, una medida que nos separó tanto de las familias y los pacientes a la postre fue una relación, aunque telefónica, mucho más cercana y afectiva», gracias al ánimo mutuo que transmitían familias y pacientes. 

Luego se logró el diálogo entre familias y pacientes, mediante el correo electrónico o las videollamadas. La primera de una paciente COVID fue de una compañera de La Mancha Centro, llegó embarazada y conoció a su hija por este medio. Después llegaron los teléfonos para las videollamadas, las tablets y esos correos, a centenares con cartas de hijos a sus padres o poemas con mensajes motivadores. «Una decía: 'Papá ponte bueno'; otro a su abuelo que tenía que ir a su comunión, hubo quien llevó MP3 con la música que les gustaba». 

Humanizar antes del COVIDHumanizar antes del COVID - Foto: Rueda VillaverdeEn junio de 2020, tres meses después, se recuperaron las visitas a la UCI y los familiares volvieron a participar en cuidados como el aseo personal de los pacientes. «Hubo que adaptarse a la situación» y se trabajó por recuperar a los familiares en aquellos que no fueran COVID y con unas visitas «más flexibles», según avanza la pandemia. 

En el futuro hay aspectos claves como «el diario del paciente», que busca reducir el estrés postraumático de los pacientes, con la intención de ofrecer a los pacientes un recorrido por la enfermedad día a día y que estará escrito por los profesionales y los familiares. «El objetivo es que no piensen que han sido dos meses perdidos». Igualmente, la terapia de los psicólogos que debe mantenerse más allá de la pandemia, igual que hay fisioterapia pasiva, pueda haber psicólogos y que formen parte del «cuidado integral».

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