El COVID retrasa el funcionamiento de la planta de mercurio

Ana Pobes
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Mayasa está a la espera de recibir un nuevo reactor, cuya fecha de entrega estaba prevista para junio pero la compañía a la que se adquirió tuvo problemas de suministro por el virus, por lo que la puesta en marcha se retrasa unos cinco meses

El COVID retrasa el funcionamiento de la planta de mercurio

La planta de mercurio de Almadén se hace de rogar y aún quedan unos meses para su puesta en marcha. La intención de Mayasa, impulsora del proyecto, era poner a funcionar esta planta en verano, pero la llegada del COVID-19 ha obligado a la empresa pública a marcar una nueva fecha en el calendario. El motivo, comenta el director de Actividades Industriales, Javier Carrasco, es que en el proceso de la realización de las pruebas previas a su funcionamiento se decidió sustituir uno de los reactores, cuya fecha de entrega estaba previsto para el mes de junio pero la compañía especializada de Barcelona donde se adquirió tuvo problemas de suministro como consecuencia del coronavirus. Y eso, argumenta Carrasco, ha supuesto un retraso de unos cinco meses, ya que de llegar el nuevo equipo en los próximos días, el montaje no se terminará hasta finales de año, por lo que la planta no estará en funcionamiento hasta el año que viene, cuando la intención de Mayasa era estar ya tratando mercurio. Y es que, insiste, se trata de una pieza «fundamental» para concluir el montaje y finalizar definitivamente las pruebas.
La planta, se enclava en el paraje Las Cuevas, a unos diez kilómetros del casco urbano del municipio y donde se encuentra instalado el antiguo almacén comercial para la exportación del mercurio. Con una inversión de tres millones de euros, financiado íntegramente por la Sociedad Estatal de Participantes Industriales (SEPI), accionista único de Mayasa, la planta tratará 320 toneladas de mercurio metálico al año para soldificar y dispone de una capacidad de 1.500 toneladas. Cifras a las que también hay que sumar la creación de puestos de trabajo, ya que el empleo va también ligado al proyecto. Muestra de ello es que se generará en torno a unos 15 puestos.
El proyecto tiene su germen en la entrada en vigor del reglamento que prohibe la exportación del mercurio y la obligación de almacenar excedentes. Está diseñada para llevar a cabo los diferentes procesos de eliminación del mercurio metálico, hasta formar un cemento polimérico como producto  final. Este retraso, añade el director de Actividades Industriales, demorará el tratamiento del mercurio pero «en un principio no debe suponer un problema importante más allá del plazo».
Finalizada en agosto del año  2018, la empresa lleva desde entonces realizando pruebas previas para su puesta en marcha, sin duda la fase clave para expedir mercurio metálico con las máximas garantías de seguridad. Pruebas que, por diferentes circunstancias, han demorado el proyecto en varias ocasiones, por lo que tanto los vecinos de la localidad como de la comarca como la propia empresa Mayasa confían en que este sea el último retraso para poder ver funcionar la planta de mercurio el año que viene a pesar de todas las vicisitudes.