Antonia Cortés

Desde mi ventana

Antonia Cortés


Nuestra fotógrafa

25/04/2024

No sé qué llegó primero, si la admiración por sus fotografías o por su valentía, quizá la mezcla de ambas cosas. A sus espaldas, un equipo que casi pesaba más que ella; y delante, un objetivo que estaba dispuesta a conseguir. Sus compañeras de viaje siempre preparadas: su cámara y la ilusión por fotografiar las costumbres, los pueblos, los rostros, los rituales… En definitiva, la vida de las personas, y sin olvidarse de aquella otra parte de la que no nos gusta hablar: la muerte. Esas ganas siempre pudieron, y pueden aún hoy a sus 74 años, más que la soledad, el temor, lo desconocido…
Esa fantástica fotógrafa, la viajera sin miedo que se arriesgaba a adentrarse en otros mundos, tan lejanos de esta tierra, para mostrarnos otras culturas, sus fiestas, los sentimientos o creencias ante el amor o el dolor, además, era paisana, de Puertollano. Algo muy importante cuando te sientes orgullosa de la gente que tiene tus raíces, cuando se convierten en ejemplos a seguir, cuando te demuestran que hay que apostar por lo que uno desea. Estoy hablando de Cristina García Rodero, que, una vez más, ocupa los diarios por su excelente trabajo. Ya puede sumar a su larga lista de galardones el Premio Ortega y Gasset de Periodismo organizado por El País y que ha recibido por su trayectoria profesional.
Las fotografías de Cristina García Rodero te invitan a mirarlas una y otra vez. La expresividad de sus protagonistas te atraen como un imán, y en cada una de esas miradas eres capaz de descubrir algo nuevo. Ahí está su magia. Sus imágenes hablan. No importa que sean grupos, multitudes, caras sonrientes disfrutando de cualquier festividad popular, aquellas otras llenas de tristeza y horror ante el adiós de un ser querido o las que muestran cierta locura entre ritos, fuego y pintura. Blanco y negro o color. Luz y alegría u oscuridad y tristeza. La cámara de esta fotógrafa manchega ha explorado e inmortalizado muchos momentos de la vida en países de los distintos continentes, desde los pueblos de esta España nuestra a la India, Haití, Brasil o la Europa del Este.
Tuve la suerte de conocerla hace ya unos cuantos años en El Escorial. Esa admiración creció aún más al descubrir un poquito de su personalidad, una cierta timidez inicial que mostró más tarde a una mujer alegre y muy divertida. La primera española en pertenecer a la prestigiosa Agencia Magnum, impartió entonces una conferencia maravillosa en la que hacía un recorrido por su vida profesional, por esos lugares perdidos por los que ha estado para mostrarnos muchas veces el alma.

Celebro su nuevo reconocimiento, porque es más que merecido, pero de lo que me siento realmente orgullosa es de que la Universidad de Castilla-La Mancha, en el 2018 y en su campus de Ciudad Real, le concediera el doctor honoris causa y de que en vida disfrute de un museo en su Puertollano natal.