La muralla, un legado perdido

Manuela Lillo
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La recreación virtual de la construcción que promovió el rey Alfonso X 'El Sabio', así como la existencia de páginas web en las redes sociales, rememoran el patrimonio histórico con el que contaba la ciudad

La Puerta de Toledo, en imagen de archivo de la Fundación Telefónica. / - Foto: LT

Ciudad Real fue en un tiempo pasado una villa amurallada que se extendía conformando el perímetro de la ciudad. Unos 4.600 metros de muralla, según las hipótesis, de los que sólo se conservan «unos 40 metros». En ella, se levantaban las ocho puertas que permitían la entrada a la ciudad, que en la actualidad sólo queda en pie la Puerta de Toledo, que un día estuvo 'acompañada' de la puerta de Calatrava, la de La Mata, la puerta de Granada, Ciruela, Alarcos, Santa María y El Carmen.

La conservación de esa gran muralla es un anhelo que los ciudadrealeños sólo pueden revivir a través de las nuevas tecnologías, las que han permitido la realización de una reconstrucción 3D por parte de un joven ciudadrealeño que ha 'dibujado' a través del ordenador cómo pudo ser Ciudad Real en su pasado medieval, cuando estaba rodeada de una muralla que no sobrevivió al paso del tiempo.

Dicha reconstrucción ha sido fruto de la combinación del trabajo como diseñador gráfico de este vecino de la capital, Juan Jiménez, y de su pasión por la historia, si bien reconoce que existe «poca documentación» sobre cómo fue realmente la muralla y, por ello, realizó el año pasado una aproximación sobre la forma que pudo tener, aderezada con dosis de imaginación.

No obstante, su reconstrucción ha abierto una puerta al pasado, que, aunque virtual, ha servido para conectar la época medieval con el presente de la ciudad y con un patrimonio que se escapó entre los resquicios del tiempo. La existencia de páginas en las redes sociales como 'Ciudad Real destruida: Historia de una destrucción' o 'No eres de Ciudad Real si no...' son algunos de los foros en los que se refleja la historia pasada de la ciudad, se comparten fotografías de antaño y se comparten anhelos sobre un patrimonio extinguido.

Así, el interrogante que planea en la cabeza de muchos vecinos es el de porqué se perdió ese gran legado cultural e histórico que hubiera hecho de la capital una ciudad muy diferente, con más tirón en el ámbito turístico y más testimonios de las generaciones pasadas. Para Sonia Morales, profesora doctor del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha y experta en arte bajo medieval, la muralla se perdió por «factores circunstanciales», pues explicó que desde el momento de la construcción, la edificación registró problemas como consecuencia en gran medida de las «lagunas» que había en sus inmediaciones y que hacían que «se viniera abajo cada dos por tres».

Para otros edificios. No obstante, «la mayoría de las piezas de la muralla se perdieron del siglo XIX al XX», después de haber invertido una gran cantidad de dinero de las arcas públicas, de ver cómo pasaban distintas partes de la muralla a manos privadas e, incluso, de que se destinara parte de la misma a la construcción de otros edificios que aún se conservan en pie, como el antiguo casino o la plaza de toros.

El cambio de usos también motivó esa pérdida del patrimonio de la capital. «Lo medieval no siempre ha estado de moda», comenta esta especialista de la Universidad, que a la vez recordó que fue el Rey Alfonso X 'El Sabio' quien decidió ubicar la villa en el llamado Pozo Seco de Don Gil, a unos ocho kilómetros de Alarcos, y del que se dice que dibujó con su espada una ciudad «exagonal», aunque su forma actual es más bien «ovalada e irregular».

Descartan que la muralla tuviera una función defensiva, puesto que el monarca eligió una ubicación «en llano y en esa época no estaba en guerra», por lo que Sonia Morales atribuyó esta edificación a la voluntad de Alfonso X de establecer una zona diferenciadora «entre el espacio rural y el urbano» que servía para «controlar la entrada y la salida» de la ciudad y el tráfico de mercancías.

En un sentido similar se pronunció a La Tribuna el experto en historia Domingo Melero, quien aseguró que «Ciudad Real ha tenido siempre un afán por destruir» y comentó que en el siglo XIX se recogía en publicaciones de la época que la muralla era considerada «una anticualla» que era necesario derribar porque «impedía el crecimiento».

No obstante, reconoció que la muralla que rodeaba la ciudad «no tenía mucha consistencia» y que el perímetro que trazó el rey Alfonso X en el suelo «con su bastón» se materializó en una construcción de «unos 4.500 metros» de longuitud y unos 2 y 2,5 metros de grosor» que se fue perdiendo, hasta quedar sólo en la actualidad  unos fragmentos en la zona de La Mata y la Puerta de Toledo.

De hecho, ésta última ha sido restaurada recientemente fruto de un proceso de reforma que  ha venido impulsando desde la legislatura pasada la actual alcaldesa de la ciudad, Rosa Romero. Domingo Melero también lamentó la pérdida de otro patrimonio que albergó la ciudad más allá de la muralla, como es el caso de «la mezquita que había en la calle Morería», el convento de San Francisco, la Casa de la Inquisición o «unos baños árabes que había en la calle Baños», entre otros muchos tesoros del pasado.

Por su parte, el concejal de Cultura, Pedro Lozano, comentó que existe «una sensación general de nostalgia» en la ciudad por la pérdida de la muralla con la que contaba la ciudad. «Es una pena que se haya perdido porque podía haber sido un emblema de la ciudad», añadió. No obstante, explicó que en el pasado se consideró que esta construcción era «un freno a la expansión de la ciudad».  

 El impulsor de la página de Facebook 'Ciudad Real destruida: Historia de una destrucción', Luis Mario Sobrino, explicó que la filosofía que hay detrás de esta iniciativa que promueve a través de internet es «hacer una denuncia del patrimonio histórico y urbanístico que hemos perdido en Ciudad Real». Lamentó que en la capital «se han tirado edificios que, sin ser una joya del siglo XV, formaban parte del patrimonio de la ciudad» y, por todo ello, hizo «un llamamiento» a la conservación de los inmuebles con los que aún cuenta la ciudad para que se mantengan «en el mejor estado posible», así como reclamó una «mayor implicación de Patrimonio» para dejar un legado lo más completo posible a las generaciones futuras.

Sobrino explicó que comenzó a recopilar fotografías hace ya unos 40 años, y que entonces lo hacía mediante los libros o las fotocopias que encontraba, de manera que en 1990 organizó su primera exposición en el Museo Elisa Cendrero. No obstante, subrayó que «con internet se abrió el campo» para compartir documentación y que, para ello, se puso en contacto con diversas entidades y colectivos, como la Universidad de Castilla-La Mancha o el Instituto de Estudios Manchegos.

De esta forma, ha podido recopilar un gran volumen de fotografías, las más antiguas de las cuales datan de alrededor de 1870 y que corresponden a Jean Laurent, si bien también cuenta con material firmado a Herrea Piña, Mato u otros fotógrafos. Esta página web cuenta con algo más de 4.000 seguidores amantes de la historia de Ciudad Real.