La Tribuna de Ciudad Real
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Eusebio García Coronado

«El sector de la construcción no ha sido la causa de la crisis, sino su víctima fundamental»

R. Santamarta | Ciudad Real - domingo, 17 de mayo de 2015
Eusebio García Coronado observa la plaza Mayor desde su estudio. - Foto: Tomás Fernández de Moya

La candidatura encabezada por el ciudadrealeño Eusebio García Coronado se impuso en las martes en las elecciones del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha con un total de 230 votos. Su lista resultó ganadora frente a las del albaceteño Esteban Belmonte (160 votos) y del también ciudadreleño Félix Rubio (25). Con él, en esta nueva andadura, estarán Marina Isabel Alba (vicedecana), Juan Gutiérrez (secretario), Carlos Martínez (tesorero) y José Antonio Martínez (vicesecretario).
¿Qué testigo recoge de su antecesor en el cargo?
El Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha (Coacm) está sufriendo los rigores de la crisis como el resto de la sociedad. Hemos pasado años muy difíciles tras caer nuestra actividad un 90 por ciento, lo que prácticamente es la ruina. No tenemos como las administraciones, la posibilidad de emitir deuda pública , que es la que está salvando el estado del bienestar. En este contexto, mi antecesor, Esteban Belmonte, ha hecho lo que ha podido. Pero el colectivo necesita un cambio que no es tanto de personas como de sistema o funcionamiento. O nos resistimos a él o nos adaptamos a los tiempos que vienen. En los últimos 30 años han cambiado muchísimo los métodos de producción de la mano de las nuevas tecnologías, que nos exigen un cambio de mentalidad muy importante. Ese será mi cometido.
Llega usted al decanato después de una fuerte controversia entre el colegio regional y la demarcación de Toledo, que presentaba su dimisión y que acusó al colegio de mutilar su lista para este proceso del que ha salido usted elegido. ¿Qué ha pasado realmente?
Hubo diferecias entre la demarcación de Toledo y la Junta de Gobierno del colegio por unas cuotas atrasadas de proyectos de obras de la administración. Salió un decreto por el que ya no se tenían que visar y en ese cambio normativo hubo una serie de conflictos. No podemos andar con estas cosas, porque tenemos cuestiones más importantes que solucionar que andar con divisiones internas. Yo este tema, en cuanto tenga la oportunidad, lo voy a zanjar rápidamente. No va a tener mayor trascendencia.
¿Se ven signos de recuperación en el sector?
Aquí en Ciudad Real todavía no. El proyecto es el inicio de una actividad que se transforma en contrataciones y materiales. Nos consta que ya hay síntomas de recuperación en la costa o en Madrid, pero aquí tardará uno o dos años en dejarse notar. Confiamos en que llegue.
¿España no saldrá de la crisis si no sale adelante la construcción?
El país se levantará a medida que lo haga la construcción. Este sector llegó a significar el 20 por ciento del Producto Interior Brutos (PIB). Ha sido, junto al turismo, el mayor motor económico. Y no ha sido la causa de la crisis. La causa ha sido una evolución alocada que nos ha obligado a reajustar los sistemas. Yo digo que nuestra época es la del hombre sobrepasado. La construcción ha sido la víctima fundamental de la crisis, la gran perjudicada, básicamente por las necesidades de financiación. Si no se construye, se destruye o nos quedamos estancados. La sociedad tiene que construir para avanzar, de una manera u otra. El arquitecto ha de cambiar, tiene que ser emprendedor y ofrecer todo su potencial creativo. Un proyecto nace de una idea para materializarse en algo físico, en algo que se convierte en un vórtice energético que genera expectativas y sinergias y, además, atrae recursos. Y nosotros tenemos medios técnicos, conocimientos y experiencias para poder hacerlo realidad.
¿Sería conveniente trabajar en equipos interdisciplinarios?
Sí. Tenemos que agruparnos y asociarnos con otros profesionales para que esos proyectos incorporen informes económicos y estudios de viabilidad a fin de que puedan ser generadores de riqueza. Tenemos que mentalizarnos y convencer a la sociedad de que no puede prescindir de más de 1.200 creativos en Castilla-La Mancha altamente cualificados. Podemos aportar mucho.
¿La rehabilitación de viviendas ha sido realmente una alternativa?
Hace seis o siete años se planteaban en los congresos dos caminos al ver que la obra nueva se había frenado: la industrialización de la vivienda y la reforma. La crisis ha sido tan fuerte que no había dinero ni para rehabilitar los inmuebles, pero se han hecho algunas cosas. Por ejemplo, la Consejería de Fomento sacó un plan. Eso sí, más voluntarioso que efectivo. La imagen que se trasmite cuando se habla del ladrillo es injusta y no responde a la realidad, porque no hay que olvidar que la construcción ha aportado mucho a este país. Salvando macroinfraestructuras, como el aeropuerto, en el que ha habido un gran derroche; este sector ha aportado mucho dinero al Tesoro Público y a los ayuntamientos. Y lo sigue haciendo con el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI). Demonizar la construcción pasa por tirarnos piedras sobre nuestro propio tejado. Debe ser considerada en su medida.
«Se ha trasladado el mensaje de que todo está hecho, cuando todo está por hacer», aseguraba tras su nombramiento el pasado 12 de mayo a este periódico.
Todo no está hecho, ni muchísimo menos. Todas las ciudades están formadas por capas y éste será muy diferente dentro de 50 años. Las técnicas están cambiando, al igual que lo hace el diseño de los espacios.
¿Y cómo serán las viviendas del futuro?
La casa grande está desapareciendo. Entre otras cosas porque las familias están menguando y vamos, como decía Le Corbusier, hacia la «máquina de habitar». Esa estructura familiar cambiante (hogares monoparentales, singles...), unida a las posibilidades económicas, lleva a viviendas más pequeñas y funcionales. Además, como la estabilidad ya no existe, sino que debemos instalarnos en el cambio, hay que apostar por inmuebles que te permitan en un momento dado dejarlos e irte a otros. Por ahí irán los tiros, porque es una tendencia que ya se está viendo en países como Japón y Estados Unidos.
En julio pedían al Gobierno central y a la Junta de Comunidades que «no se acuerden sólo del campo». ¿No ha habido ayudas para el sector?
Los arquitectos no hemos tenido ayudas. Hemos sido considerados siempre como sujetos impositivos e incluso, durante una época, vistos como profesionales de élite. Pero los de ahora no somos elitistas, somos autónomos. La administración tiene un problema. Sabe que tiene que crecer para sostenerse y que ese crecimiento viene de los trabajadores por cuenta propia y ajena, así como de las pequeñas y medianas empresas (pymes). De ellos vive el país, porque pagan pero reciben muy poco. Si ellos mantienen el sistema, deberían ser más apoyados. No puede comerse la gallina de los huevos de oro, deben dejarla poner huevos, pero ya le han quitado hasta las cáscaras. Vamos a intentar negociar con la administración para poder salir de la crisis galopante que tenemos, para poder respirar un poco y, así, contratar a gente y renovar nuestros equipos. Con la presión fiscal que tenemos, estamos ahogados.
¿Y qué hay de las trabas burocráticas?
Deberían simplificar los trámites, porque hay muchísima reglamentación que nos afecta. La mayor parte de nuestro tiempo no está en proyectar una obra, sino en lidiar con las distintas administraciones (Cultura, Fomento, Medio Ambiente...) para conseguir licencias, autorizaciones e informes gavorables. Se ha convertido en una tortura en muchos casos, porque se tarda años. La administración debe simplificar y evitar duplicidades. Sabe lo que tiene que hacer, pero si lo hace hay gente que sobra. Y eso no es políticamente correcto.
¿Se están encontrando problemas con las inspecciones técnicas de edificios (ITE)?
Las inspecciones técnicas de edificios (ITE) y los certificados de eficiencia energética forman parte de una normativa poco definida, muy confusa y prácticamente imposible de cumplir. Habría que replantearla porque el papel todo lo aguanta, pero luego a ver quien es capaz de aplicarla en condiciones y a los precios que se están pagando. Es un tema muy serio que vamos a abordar en el colegio.
Arquitectos e ingenieros acaban de firmar una declaración por la calidad y el uso correcto de los fondos públicos. ¿Es a menudo el precio de la oferta el único factor real de selección?
Hay que dar una vuelta a los modos de contratación. En los pliegos de condiciones figura que el precio no es el factor determinante. Hay que exponer bien un diseño o una idea y tener experiencia en proyectos parecidos. En la teoría todo está muy bien presentado, pero en la realidad sigue habiendo amiguismos.
¿Cree que es necesario dar a los arquitectos un papel protagonista en el diseño de los planes urbanísticos de las ciudades?
Uno de mis objetivos va a ser formar agrupaciones o gremios locales de arquitectos en Ciudad Real, Puertollano, Valdepeñas, Almansa... porque el colectivo tiene un problema de método. El hacer la guerra cada uno por su parte no sirve de nada. Tendemos a funcionar aisladamente, es una cuestión heredada. Y eso hace que no tengamos ninguna fuerza social. No se nos tiene en cuenta. Como yo creo que podemos aportar mucho, tenemos que hacernos presentes desde la unión. Somos los que mejor conocemos el urbanismo de nuestro pueblo o localidad. Podemos señalar los problemas y aportar las soluciones. Tenemos que salvar las distancias con los ayuntamientos.
¿Qué nivel tiene lo poco que se está haciendo de obra nueva a día de hoy?
Se está tendiendo a obras más pequeñas y a un abaratamiento de los materiales de construcción. Eso no quiere decir que sean de mala calidad, sino más sencillos o tradicionales. Estructuras de vidrio y acero inoxidable no se hacen. Pero se está trabajando bien el espacio y el diseño. A mí personalmente me gusta. Lo sencillo también es bello y tiene muchas posibilidades.
¿Qué salidas tienen los jóvenes arquitectos que están saliendo en las escuelas?
La situación ahora mismo es caótica. Hay compañeros que están colegiados, pero que prácticamente no visan. Están estudiando oposiciones, buscando trabajo fuera, estudiando inglés o reciclándose. Otros ya se han ido al extranjero, a China o Colombia, con mayor o menor éxito. En un porcentaje muy elevado somos profesionales que hemos tenido experiencias en otros países. Unos vuelven y otros se quedan. La fuga de talento es muy importante.
Los proyectos de final de carrera de cuatro arquitectos españoles han sido elegidos ganadores del Premio Hunter Douglas del concurs Archiprix International 2015, que ha reconocido con esta distinción un total de siete. ¿Somos buenos?
Sí. Y fuera somos muy apreciados por nuestra capacitación técnica y espíritu creativo. Eso sí, aquí cuando las cosas van bien todo el mundo te llama, pero cuando tienes un problema se ceban. Y si no mira a Santiago Calatrava. Él experimenta y, por lo tanto, tiene fallos. No se falla cuando no hace nada nuevo. Eso hay que entenderlo. Cuando Miquel Barceló hizo la cúpula del Palacio de las Naciones Unidas en Ginebra, también se le caía. Un creativo siempre va a tener problemas, porque se mete en mundos inexplorados. Ese es el riesgo de la profesión y uno de sus principales atractivos.
«La mitad de los arquitectos carece de un trabajo vinculado a sus estudios», han asegurado recientemente desde el Colegio de Arquitectos de Castilla y León. ¿Esto es así?
Claro, si no visan, se buscan lo que sean. Se necesita un cambio de mentalidad y buscar vías alternativas. Hay arquitectos que diseñan muebles, escenografías... o bien desarrollan proyectos de actividades. Por ejemplo, el diseño de un supermercado en el que hay que acondicionar los distintos espacios para que puedan cargar y descargar los camiones sin olvidar los circuitos, las luces, las salidas de emergencia o la protección contra incendios. Se necesita una visión de conjunto.
 

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