La vida de Maha Akhtar da para escribir un libro. Mejor dicho, da para varios. La nieta de la maharaní (2009) y La princesa perdida (2011), sus dos entregas de memorias son la prueba de ello. Criada en un internado de Londres, donde su tío era embajador del Líbano, comenzó a trabajar como relaciones públicas del grupo The Cure. Ya en Estados Unidos, durante 15 años estuvo junto a Dan Rather en CBS Evening News, pero su vida cambió cuando su madre le confesó la identidad de su verdadero padre, que era hijo del maharajá de Kapurthala, que se casó con la tonadillera y bailarina flamenca malagueña Anita Delgado, en cuya vida se basó Javier Moro para escribir el súper ventas Pasión india. Estos días recorre Castilla y León para conocer de primera mano diversas denominaciones de origen sobre las que escribirá para la revista norteamericana Food & Wine, y lo hace con Miel y almendras (Roca Editorial, 21 euros), su primera novela de ficción, bajo el brazo.
Con una vida personal tan agitada, ¿la literatura es algo que siempre requirió su atención?
Desde pequeña he sido muy lectora, incluso cuando tenía nueve años escribí una pequeña obra de teatro. Mis dos primeros libros, que son memorialísticos, tienen una escritura periodística, que te obliga a ceñirte a los hechos. Con Miel y almendras disfruté mucho, porque me permitió dar rienda suelta a la imaginación y dejarme llevar por el relato.
¿El salto a la ficción fue porque necesitaba distanciarse de situaciones tan personales como los que describía en sus dos primeras publicaciones?
Escribí esos dos libros con franqueza, y lo cierto es que ya no tenía más memorias que contar. Me gusta imaginar situaciones, mundos y personajes, y darles vida. Para mí fueron como unas vacaciones, porque cada día dejaba mi vida cotidiana y me subía a esta alfombra que me transportaba a otro mundo.
¿Le costó mucho separarse de sus personajes al terminar?
Sí. Echo de menos a esas mujeres, porque me hice amiga de ellas. Son féminas muy normales, como yo, que me considero independiente y luchadora, pero también coqueta y femenina. Es una lectura de verano, sencilla, casi como un cuento de los que contaba Scheherazade en Las mil y una noches.
En Miel y almendras presenta el Beirut actual a través de la relación de cuatro mujeres que se encuentran en un salón de belleza. El punto de partida parece similar al de Caramel, la película de su compatriota Nadine Labaki.
La idea de ambientar la novela en un salón de belleza surgió en un viaje que hice para visitar a mi tía en El Cairo en 2007, antes del estreno de la película. Mi familiar va todas las semanas a ese salón, y allí se reúne con un grupo de mujeres de niveles económicos y sociales muy diferentes. Hay señoras pobres, ricas, diplomáticas, empresarias... Al final ves que todas son iguales y que tienen problemas similares: hablan de sus maridos, de sus vidas, de recetas, del cotilleo… Ahí nació la semilla del libro.
¿Por qué eligió ese título?
Porque son ingredientes muy típicos en la cocina libanesa y mediterránea, y también porque la vida es dulce como la miel, pero a veces te encuentras una almendra un poquito amarga. Además, el título alude al aspecto físico de la mujer libanesa, que tiene la piel del color de la miel y los ojos como almendras.
Su libro ofrece una mirada diferente del país, ajena a las imágenes típicas que encontramos en los informativos.
Sí, con Miel y almendras también he querido cambiar la percepción de esa zona, porque Líbano es una zona muy colorida y muy verde. Siempre tenemos la imagen de edificios en llamas y bombas, pero en este país la gente tiene una vida muy normal. Nos hemos reconstruido tras la guerra y la ocupación de los sirios. Hemos sabido reinventarnos y eso les da a los libaneses una fuerza especial y una visión del mundo más optimista.
¿La necesidad de incluir una mirada optimista era algo que tenía claro desde el principio?
Con este libro no he pretendido hacer un comentario político ni escribir la historia del conflicto. Solo busco que haga disfrutar a los lectores mientras lo estén leyendo, que les entretenga y que les traslade hasta otro mundo. Para mí, un buen libro, como una buena película, te hace soñar un poquito y te deja una sonrisa en el rostro.
¿Con qué referentes literarios ha contado mientras escribía?
Cuando estoy escribiendo no leo, porque no quiero que nada me influya. Me gusta narrar sin guión, tirarme a la piscina. Para mí, la escritura es dejarte llevar por la imaginación y por la aventura que tienes entre manos. Al final es la historia quien me lleva a mí, en lugar de yo a ella.
Miel y almendras se publicará en Líbano en octubre. Ya tendrá ganas de que aparezca allí…
Sí, claro. Creo que los libaneses también tienen ganas de leer algo que sea positivo. Yo prefiero contar a la gente lo bonito de Líbano, que las mujeres son guapas, que Beirut es una ciudad muy viva y dinámica, con restaurantes y tiendas de lujo, y con un estilo de vida muy parecido al de Madrid, Barcelona o Valencia.