Primero Groenlandia, luego la Antártida, después la ruta de Diego de Mazariegos por México y ahora, junto a la Sociedad Astronómica y Geográfica de Ciudad Real, el Amazonas de cabo a rabo. ¿En su casa no le dicen que se esté usted quieto ya?
Si (sonríe), pero también me han conocido así. Uno ya viene así de taller. En principio si es verdad que uno se tiene que mojar más en casa con tres hijos, y quizá por eso vamos más despacio y además, no hay dinero. No es como antes que ibas a una asociación pública y te daban dinero. Ahora, es casi imposible seguir haciendo estas cosas.
¿Por qué el Amazonas?
Es un proyecto muy antiguo. Juan Rojas, un aviador de Manzanares, un día, en una conferencia que dimos la Sociedad allí, me planteó que desde 1992 tenía el proyecto de ir al Amazonas en ultraligero, pero que se truncó por falta de presupuesto y dijimos, ‘oye, es una idea interesante’. Nos sentamos los dos en una mesa y empezamos a proyectar la idea de nuevo, pero no abordando solo la aventura del ultraligero, porque nuestro objetivo no es solo ir al sitio, sino ‘meterle’ un aporte científico. Y resulta que también en la zona, Alejando del Moral, geógrafo y director del Centro del Agua de Daimiel, viaja mucho a Brasil y Colombia, con el tema de las tribus, y nos dijo que tenía un proyecto precioso: recuperar la historia oral de esta gente y la tradición de dónde vienen del río. Recuperar las letanías de su pasado, que cantan desde hace cuatro siglos, y de las que no hay nada escrito. Pretendemos unir su historia de hace 400 años y ver si realmente el recorrido que cantan del río es real.
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