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Las Tablas: Un humedal con sed

- lunes, 3 de diciembre de 2018
Imagen de las pasaralelas en una de las zonas del parque totalmente seca. - Foto: Rueda Villaverde
El Gobierno descarta un trasvase pese a la sequía que sufren Las Tablas. Solo tiene 450 encharcadas, pero de momento el Ministerio no ve la necesidad de recurrir a aportes extra de agua, como ya ocurrió en el año 1986, o a los sondeos de emergencia

Las Tablas de Daimiel se secan. Los 461,3 litros por metro cuadrado de precipitaciones que se registraron durante el pasado año hidrológico 2017/2018 no han sido suficientes para recuperar los niveles de inundación del humedal, que en la actualidad está«parcialmente inundado» y cuenta con una superficie encharcada que ronda las 450 hectáreas de las 1.850 posibles. Pese a ello, el Ministerio descarta, por el momento, recurrir a aportes extra de un trasvase como ya ocurrió en el año 1986, cuando el parque se secó por completo. Así lo comenta a La Tribuna el director del Parque Nacional de Las Tablas, Carlos Ruiz de la Hermosa, quien confía en que en los próximos meses la llegada de precipitaciones den un «empujón» a uno de los humedales más emblemáticos de la Península Ibérica y que en la actualidad mira al cielo para no volver a vivir uno de los episodios más dramáticos como fue también el incendio de turbas de aquel 2009, año en que el humedal agonizaba hacia la muerte por la extrema sequía. Sus entrañas empezaron a arder bajo tierra de manera espontánea.
Aunque no ha llovido suficiente, la situación es bien distinta a la de hace casi una década. En esta ocasión, el río Guadiana tiene algo de agua. Fiel reflejo de ello, comenta Ruiz de la Hermosa, es que entre el Molino de Molemocho y el de Griñón, el «Guadiana está inundado», pero aun así «necesitamos un golpe de lluvia que incremente las surgencias de las aguas subterráneas, suba el nivel y entre el agua al parque», algo que no se produce desde el pasado mes de julio, cuando el día 16 cesó la entrada del Guadiana al parque tras estar haciéndolo durante seis meses (desde enero). Y para que estos aportes vuelvan a producirse, tiene que llover, y mucho. Y es que, para que Las Tablas funcionen bien, necesitan el aporte superficial del río Guadiana, y de momento, el que está considerado el cuarto río más largo y caudaloso de España no está por la labor.
Las Tablas ya no reciben aportes de agua ni del Acuífero 23, ni de los ríos Cigüela ni Guadiana. Que el Guadiana irrigue Las Tablas depende, además de las lluvias, de que la temporada agrícola de regadío termine y dé un respiro al Acuífero 23. Pero también, de que el río Azuer, afluente del Guadiana, aporte agua a éste. Para ello, el pantano de Vallehermoso debe estar a rebosar, permitiéndosele desembalsar al Azuer, y al parecer, y como así confirmó hace unos días el presidente del Patronato de Las Tablas, Esteban Esquinas, el pantano de Vallehermoso está lleno y ha empezado a aliviar. Un síntoma de recuperación que se espera tenga continuidad en la reactivación de los sistemas naturales que aporten agua al parque.
Junto al poco caudal del Guadiana, la imagen de las pasarelas secas en algunas zonas. Es otro de los tristes episodios de la sequía en el parque, y que recuerdan a ese dramático 2009. Pese a ello, la situación «no es alarmante pero sí preocupante», insiste el director del parque, aunque con diciembre como fecha en el calendario «es muy prematuro plantear medidas de gestión como un trasvase o sondeos de emergencia», actuaciones que habrá que estudiar posiblemente en un par de meses, pues «si a fecha de 1 de febrero no se ha producido la entrada del Guadiana habrá que evaluar la situación».
Mientras observa con detenimiento este espacio protegido, recuerda como en el año 1986 el agua desaparece por completo en Las Tablas y «entran en una situación de crisis ambiental asociada también a un incendio de superficie». Fue entonces cuando el Ministerio competente puso en marcha el Plan de Regeneración Hídrica con «la derivación de caudales del acueducto Tajo-Segura a través del río Cigüela» como principal medida. Fue el primer trasvase que llegó al parque nacional, y que permitió, subraya, mantener el «pulso vital del parque nacional» hasta 2005. Una experiencia que por el momento no está encima de la mesa como tampoco lo están los sondeos de emergencias, una de las medidas que se pusieron en marcha para «intentar extinguir el incendio del subsuelo del año 2009». Actuaciones que espera no tengan que llevarse a cabo. Y para que eso no ocurra, cruza los dedos.
 

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