La Tribuna de Ciudad Real
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Querer y no poder

C. de la Cruz - sábado, 27 de octubre de 2018
Zamo intenta superar a Jesulito - Foto: Tomás Fernández de Moya
El Viña Albali Valdepeñas sigue sin conseguir su primer triunfo y suma un empate ante O Parrulo (3-3) que sabe a poco en un partido condicionado en su inicio por los errores

La primera victoria del Viña Albali Valdepeñas tendrá que esperar. Un empate ante O Parrulo podría haber sido recibido con alegría en otro momento, pero esta tarde ha sabido a poco, a demasiado poco. Y el resultado fue que los jugadores acabaron el encuentro cabizbajos, conscientes de que la dirección no es la correcta. 
Tan sólo habían transcurrido 19 segundos cuando O Parrulo lograba hundir la confianza de su rival con un tanto tan rápido como evitable. La presión de Isma sobre Manu García lograba un saque lateral que propició el tanto en una jugada de estrategia mal defendida por los locales: Chano, de tacón, cedía atrás en la prolongación para que Isma fulminase a Mendiola. Con tanto en juego era el peor de los comienzos imaginados: todavía quedaban 2.381 segundos para darle la vuelta a la situación. 
A pesar de los intentos de Kike y Manu García, había un problema de efectividad y si a ello se le suman incomprensibles desconexiones defensivas el resultado es mortal de necesidad. Sucedió cuando el equipo se disponía a salir de su área, un despiste que regalaba el balón a O Parrulo, el cual se limitó a dar las gracias. Minuto 12 y el tanto de Rober ponía un más que complicado 0-2 en el luminoso. 
La tarde tiraba hacia el milagro. El Viña Albali puso una vela y las plegarias fueron escuchadas con un gol más divino que mundano, concretamente de Zamo con una soberbia volea. Era una cuestión de fe, y qué razón tenían los aficionados con aquello de ‘Valdepeñas nunca se rinde’. A Zamo le siguió el tanto de Juanan, que recogía los frutos de una gran acción de Dani Santos. 
Y bueno, cuando se reza con pasión puede no llover nada o caer un torrente, y en el caso del Quijote Arena fue inundación: José Ruiz, maestro en el arte de sortear contrarios, le dejaba a Kike la oportunidad de lucirse y el pívot madrileño no la desaprovechó marcando con temple ante Illi. 
Un 3-2 que apenas cinco minutos antes parecía imposible y sobre todo frente a un conjunto que a pesar de los números no es de la ‘liga’ del Valdepeñas con jugadores como Ari, Jesulito, Attos y compañía. Más mérito tenía la remontada. 
Pero los partidos no se ganan en el primer tiempo y los de Leo Herrera mantuvieron su intensidad en el segundo acto, atentos a cualquier oportunidad. Todo era orden y seriedad, y cuando no la había Mendiola respondía por los suyos. 
peligro particular. La amenaza de O Parrulo se llamaba Adri: el ala internacional fue un auténtico quebradero de cabeza. Nadie lograba frenarle y además los colegiados no se atrevieron a sacarle la segunda amarilla. Sin él en pista su equipo lo pasaba realmente mal, asfixiado ante un Valdepeñas valiente que buscaba el cuarto gol. Pero apareció precisamente Adri, que se deshizo con maestría de Juanan para un ataque en superioridad que finalizaba Isma. 
Un punto no le valía al Valdepeñas: quería sumar su primer triunfo en Primera y jugó de cinco en los últimos compases, pero al final firmaba un empate que no fue celebrado, incluso hubo gestos apesadumbrados por la sensación de haber concedido demasiado y haber aprovechado poco. Las plegarias habían cesado. 
‘La cabeza solo se baja para besar el escudo’ era el lema de una pancarta de la marea azulona. Al Viña Albali no le queda otra en la categoría más dura del mundo. 

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