Recuperando a Elisa Cendrero

C. de la Cruz - sábado, 9 de febrero de 2019
Recuperando a Elisa Cendrero - Foto: Rueda Villaverde
La reapertura de la casa-museo el pasado mes de noviembre permite adentrarse en la vida de la alta burguesía de Ciudad Real en la primera mitad del siglo XX

Adentrarse más allá de las puertas del Museo Elisa Cendrero supone  recrear otro tiempo, volver a la Ciudad Real de la primera mitad del siglo XX de la mano de una figura   todavía oculta entre las brumas de la historia. Elisa Cendrero (Ciudad Real, 17-9-1898 / Ciudad Real, 29-4-1977) es un nombre conocido en la capital, posiblemente por la calle a la que da título, «pero realmente muy pocos conocen quién fue esta mujer». Así lo cree Silvia Hernández Morales, historiadora del arte y guía en la casa-museo que reabría sus puertas el pasado mes de noviembre tras 14 años de olvido.
Los más de 10.000 visitantes que han cruzado las puertas de este museo desde su reapertura son buen testimonio del interés que suscita el Elisa Cendrero. Hernández explica que no tenía realmente título nobiliario; era una mujer que pertenecía a la alta burguesía y tenía muchas influencias dentro de una familia que se dedicaba a la política y al mundo militar. Por encima de todo resalta que «era una persona tan abierta que respondía a cualquiera que llegara y necesitara de ayuda, era muy generosa. Le concedieron por ello, a título póstumo, el honor de Ciudadano Ejemplar con el Cervantes de Oro. De su carácter generoso y benefactor habla el hecho de que donara esta casa a cambio de una peseta y una misa anual».
Diariamente se pueden llegar a  organizar hasta cinco visitas guiadas con un máximo de 20 participantes en cada una de ellas. Las estrecheces de las salas impide albergar más visitantes al mismo tiempo, algo que sin embargo ayuda a dotar de cercanía y familiaridad al recorrido. Y es que precisamente acceder al museo es hacerlo en una casa que levantó sus muros en 1917, aunque heredero de la tradición arquitectónica decimonónica. «La gente cree que va a ser una casa más pequeña y se sorprenden; el salón y la cocina son los espacios que más le gusta a los visitantes», señala Hernández.
La primera parte alberga las colecciones pictóricas, donde sobresalen las obras de Ángel Andrade y Carlos Vázquez, que eran amigos de la familia. Este último es el artista mejor representado con obras en depósito de la Fundación Barraquer, incluida su inconclusa última pintura en un espacio que recrea su despacho de Barcelona a su fallecimiento en 1944. En la segunda planta, los aposentos públicos y privados de la familia. «Se ha respetado el deseo de Elisa Cendrera, así lo quiso ella cuando pensó en su casa como un museo», apostilla la guía de este particular espacio, que reconoce que «lo que más me gusta es la historia que tiene que ver con la familia».
Así, Silvia Hernández  confiesa que «visité el museo cuando era pequeña y tenía una imagen muy difusa. Me preguntaba cuándo lo abrirían y la verdad es que es un sueño cumplido poder mostrarlo». 
 

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