A sus 87 años (el 2 de agosto cumplirá los 88), Josefa Peláez vive sola, pero 'teleacompañada' 24 horas al día los 365 días del año desde hace ya muchos años. Su terminal, de los antiguos, da fe de ello. Está entre «regular y menos» porque, según indica, los huesos están hechos polvo y los pies la sostienen a duras penas. Sale a la calle a tomar el fresco, al banco de enfrente, con ayuda del bastón para charlar con los vecinos de sus «dolores» que, matiza, «van desde la nuca». «Me decía Lorenzo ayer que le dolía mucho la espalda y ya le dije que se la cambiaba por mis piernas», precisa una mujer con respuestas para todo.
Hace 27 años que enviudó y tiene seis hijos, dos de ellos viven en Valencia y el resto en Ciudad Real, once nietos y un bisnieto, al que no ve tanto como desearía. Están muy pendientes de ella, pero Julia Serrano, voluntaria de Cruz Roja, acude con frecuencia a visitarla. En su caso, se conocen de toda la vida. Es una más de su familia. «La conozco desde chiquitilla y, no es porque esté delante, pero es como una cosa mía», asegura Josefa muy agradecida y con los ojos llenos de ternura. Y es que ambas se prodigan en atenciones y elogios, además de comerse a besos.
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