Entre 500 y 600 niños se espera que hoy acompañen a San Blas, el patrón de la garganta, protector de la gripe, en la procesión que cada año, todos los días 3 de febrero, se celebra en honor al santo por el centro de la capital.
Como ya es tradición, el cortejo saldrá de la iglesia de San Pedro sobre las 17.30 horas, para emprender un recorrido que a lo largo de poco menos de una hora llevará al santo por la calle Ramón y Cajal, la plaza del Pilar, por delante de la subdelegación y calle Ruiz Morote, camino ya de la parroquia. El santo, es portado a un hombro por los más jóvenes, y escoltado por niños de todas las edades y sus familiares.
Después, y como manda también la tradición, queda expuesta a los fieles la reliquia de del santo, «un pedacito del fémur» que la iglesia guarda en una caja de 1604. Según explica Pablo Martín del Burgo, sacerdote coordinador de los actos en torno a San Blas, de la parroquia de San Pedro, el punto de partida de esta tradición hay que buscarlo en 1599 y en Juan Bautista Pacheco, «un jesuita al que se le encargó que recogiera reliquias y las repartiera por todo el mundo». La llegada de la reliquia a la capital coincidió con la creación de una cofradía infantil de San Blas que desaparecería en 1970, momento en el que la iglesia retomaría la tradición de este santo, al que parecen venerar hasta las cigüeñas, como dice el refranero español.
La tradición que existe en torno a esta procesión es más antigua que su imagen que data de 1947. Como ocurrió con la mayoría de la imaginería religiosa tras la guerra, el San Blas original fue destruido.
San Blas de Sebaste era un médico que fue conocido por su capacidad milagrosa para curar a personas y animales. Entre sus muchos milagros destaca la curación de un niño al que se le había atragantado una espina en la garganta, que le ha llevado a convertirse en el patrón de la garganta y de los otorrinolaringólogos.