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18 de julio de 2018
Vivir

Rubén Martín tinta de presente y futuro el lenguaje poético

M. Sierra / Ciudad Real - martes, 15 de febrero de 2011
El Aula de Poesía de la Factulad de Letras se queda pequeña para recibir al albaceteño, ganador del Premio Adonáis en el año 2009

A sus treinta años, Rubén Martín ha recuperado la esencia de la poesía y ha tintado de presente y futuro el lenguaje del verso. El poeta albaceteño, ganador del Premio Adonáis de poesía en 2009 (El minuto interior), uno de los más prestigiosos que se conceden a nivel nacional dentro de este género literario, fue ayer el invitado del ciclo Aula de Poesía, organizado por la Facultad de Letras.

El profesor de literatura Jesús Barrajón fue el encargado de presentar a «este joven que hace tres años vino a la Facultad a participar en el ciclo como espectador» y que ayer llegó en calidad de poeta.

De él destacó que se inscribe en una tradición poética «poco habitual que busca una comunión con la naturaleza», sobre la que incidiría después el propio autor. «Me gusta escribir sobre la naturaleza, porque es el lugar donde me siento más a gusto, en armonía, frente a la ciudad, un lugar más contaminado por la mano del hombre».

Contemplación y El minuto interior son los dos libros que Martín ha publicado hasta el momento. De ambos se valió el albaceteño para dar a conocer su obra entre los asistentes al aula, que ayer se quedó pequeña y obligó a cambiar de ubicación.

Abrió el recital El origen del mundo, del primero de sus libros, Contemplación, del que también rescató Al levantar el vuelo y El tren. Composiciones cortas, cargadas de intensidad, en las que el autor profundiza en la luz, pero también en las sombras; habla de naturaleza, pero sobre todo de amor.

De su segundo libro, El minuto interior, Martín comenzó poniendo voz al poema que da nombre a esta obra, de la que también recitó La madre y Dimensiones.

En este, su segundo libro, la naturaleza cobra especial protagonismo, al igual que la luz, pasando a un segundo plano el tema del amor, que aunque presente, parece diluirse más.

Entre verso y verso, Martín salpicó sus composiciones de cotidianeidad, de explicaciones sobre sus composiciones, sus temas y sus fuentes de inspiración, que hicieron la lectura poética todavía más cercana.

Minutos antes del recital, Rubén Martín explicó a La Tribuna que hace apenas cuatro años que empezó a escribir poesía de manera más profesional. Sería en 2006, tras asistir a un recital del desaparecido Ángel González. «Hasta ese momento yo como mucho había garrapateado algunas notas en alguna libreta pero poco más».

Entonces empezó leer más poesía, con especial atención a los poetas del 50, entre los que cabe destacar a Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Vicente Gallego o Antonio Colina, a los que considera sus «referentes».

Además de poeta, Rubén Martín trabaja como técnico especializado en autómatas programables, una tarea que él considera que le ha facilitado su pasión por la poesía. «Me paso todo el día trabajando con máquinas y cuando salgo de trabajar me apetece coger un libro muchísimo». Dos mundillos que seguirá compaginando, « porque la poesía es un género al que no se le presta mucha atención y eso hace difícil vivir de él».

En cuanto a las claves de su obra: «Mezclar técnica y sentimientos en la misma medida», todo ello con un lenguaje sencillo, pero no por ello simple.

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