La galería Aleph ha cubierto de desnudos sus paredes en una reinterpretación de un motivo clásico de la historia del arte, que para alguno de los convocados ha sido todo un reto, puesto que el cuerpo humano está bastante lejos de sus obras habituales.
La directora de la galería de la calle Reyes, Alicia Arteaga, dejó absoluta libertad a los 19 artistas colaboradores para interpretar el Desnudos del título, de modo que si ya de por sí una muestra colectiva es una caja de sorpresas, una apuesta por divertir al espectador por la vía de la variedad de visiones, en este caso es una montaña rusa visual, dada la extrema disparidad de las propuestas.
Arteaga señaló que el montaje de la exposición ha sido una tarea complicada en la que tuvo de necesidad de «coordinar a 19 artistas, que por mucho que te creas que los conoces y que sabes más o menos que te pueden mandar, te acaban sorprendiendo», aseguró, aunque a su juicio el esfuerzo ha valido la pena: «He disfrutado mucho viendo lo que llegaba cada día», comentó.
Hay desnudos desvergonzadamente escatológicos (Arturo Pins) a pesar de que alguno pueda estar semivestido (Yani Alonso), pero también los hay sutilmente eróticos (Isabel Tallos -que por cierto cambió la obra seleccionada a última hora y retiró la que La Tribuna publicó el pasado día 3, Asalto al escarpín); inquietantes (Pedro Lozano y Laura Medina), evocadores (Tono Carbajo), plácidos (Elena Poblete), oníricos (José Luis Serzo) y de homenaje, uno de ellos por partida triple, puesto que Manuela Martínez Romero, Miguel Carmona y Jorge Pérez Parada abundan en versionar el Adán y Eva de Alberto Durero, pero con otras coincidencias y contrastes.
Pero mientras Pérez Parada se sitúa él mismo y su pareja a ambos lados de un espejo que invita al espectador a sumarse a la obra, Carmona, que abandona por esta vez su visión arquitectónica del arte, incorpora su rostro y el de su esposa a las figuras del pintor alemán y las rodea de elementos representativos de su propia vida, como dos trajes recortables que deberían vestir a estos nuevos Adán y Eva, pero a la vez son un recordatorio de que Margarita Lozano es una de las mayores coleccionistas de España en dicha materia.
También fue una novedad enfrentarse al desnudo para Manuela Martínez, aunque en su caso, aprovechó sus últimos trabajos con material textil para desarrollar un tríptico con las imágenes de Durero como base, que poco a poco va vistiendo hasta dejarlas en pijama.
También es un homenaje la obra de Elena Poblete, Lectora tipo Henner, ya desde el título que recuerda al retratista por antonomasia en la Francia de finales del siglo XIX y pintor de numerosos desnudos. «Creo que es un triple placer, el de estar tendida en la cama, el de estar desnuda y e de leer», señala Poblete sobre la pieza que expone en Aleph.
La toledana afincada en Ciudad Real se mantiene en su línea de incluir la palabra impresa como parte esencial de su obra, pero esta vez, en lugar su tradicional recurso a elementos periodísticos, lo hace con textos extraídos de El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. Y dan ganas de leerse el cuadro.