Los alumnos de arqueología en la excavación.
Una veintena de alumnos de Historia de la Universidad de Castilla-La Mancha esperan ya el próximo verano para volver a lo que han estado haciendo durante los últimos días, excavar en busca del sustrato preibérico de Alarcos, el tramo de la historia aún inexplorado que será el gran objetivo de futuras campañas.
Esta semana concluyó el trabajo de campo del Curso de Investigación Arqueológica de la UCLM que durante quince días les ha llevado a la ladera situada frente al llano de la batalla, el denominado 'Sector 3', y que año a año ha ido desvelando una gran estructura de almacenamiento de gran importancia económica para la ciudad íbera, situada debajo de los restos de varias viviendas medievales pero bajo la que ha empezado a aflorar un nuevo sustrato preibérico del que no hay referencias en Castilla-La Mancha.
El director del curso, el profesor Javier Morales, reconoce que el esfuerzo actual se centra en el almacén ibérico, una gran estructura con incógnitas aún por desvelar. «Llevamos doce años excavando y todavía no sabemos hasta donde llega», matiza. Sí que se ha delimitado uno de sus frentes y es bajo su muro exterior donde han aparecido restos de viviendas preibéricas, con un hogar para el fuego perfectamente delimitado.
Pero la arqueología es el arte de la paciencia, en cada cuadrícula primero hay que extraer toda la información posible del estrato medieval, para llegar al nivel ibérico, y cuando de ahí haya salido hasta el último ápice de datos históricos, será el momento de ahondar en busca de las huellas de la cultura preibérica.
Rosario García Huertas, también directora del curso de la UCLM, subraya que en esta instalación se almacenaba «sobre todo trigo y algo de cebada, era claramente una economía cerealista». Uno del os aspectos más llamativos de esta instalación íbera es que su estructura interna con varios compartimentos, permitía que circulara el aire entre los sacos o vasijas que contenían el grano, lo que facilitaba su conservación.
Al mismo tiempo, en el interior de este almacén han aparecido un gran número de molinos de mano, muchos más que en cualquier otra zona de la ciudad íbera, lo que hace pensar en una función económica central y para todo el poblado. Alarcos pudo ser un gran centro cerealista que comerciaba con otras comunidades, «incluso de la costa» apunta Morales.
Pero el objetivo esencial de este curso no es otro que aportar experiencia arqueológica a los alumnos, de modo que el avance en la excavación no es demasiado rápido. «Excavamos, explicamos lo que encontramos, y aún nos queda el trabajo en el laboratorio», aseguran los directores. Quienes señalan que la ventaja es que los estudiantes de arqueología son todos vocacionales.
Uno de estos alumnos, Alfonso Monsalve, estudiante de Tercero de Historia, concibe la participación en este curso como «una forma de adquirir experiencia, no es lo mismo que te lo expliquen en clase que verlo directamente sobre el terreno».
Su compañera Laura Burgos, de primero de Historia y en su primera excavación, asegura disfrutar «porque no te hacen pasar por todos los sitios, lo ves todo».