Un momento del cuentacuentos celebrado en la biblioteca municipal.
Boniface Ofogo, Boni, dice que lleva toda la vida preparándose para actos como el que ayer se celebró en la Biblioteca Pública del Estado ante una veintena larga de niños y un buen puñado de adultos a los que contó varios relatos africanos.
Su preparación empezó en su pueblo, de niño, cuando las personas se reunían todas las noches y sigue hoy para escuchar y contar historias y eso fue lo que ocurrió ayer puesto que el acto comenzó antes de lo previsto, porque los chavales del taller de la biblioteca aprovecharon la espera mientras llegaban los niños de la asociación de inmigrantes Los Andes, para contarle algunos chistes al contador de historias.
Ofogo cuenta historias con moraleja sobre el valor de la amistad entre diferentes y la necesidad de conservarla por encima de las murmuraciones o los convencionalismos sociales; sobre la necesidad de mantenerse tranquilo en los momentos de turbación o sobre los beneficios de compartir los bienes con quien tiene poco o nada.
Pero lo hace con las fábulas africanas, llenas de animales como el cocodrilo, monos, elefantes, hipopótamos, tortugas, leones, liebres o jirafas. Pero son animales dotados de unos sentimientos y valores plenamente humanos y transculturales.
Sin embargo, Ofogo advierte que pese a que los animales de sus historias resultan exóticos, «la gente conecta enseguida porque tienen valores comunes, por muy diferente que parezca el relato.
En sus historias, este narrador camerunés hace que los espectadores se conviertan en interlocutores, les interroga, les invita a cantar, ensaya las respuestas y en el caso de los chistes que le contaron en los primeros compases de la reunión fue también un agente provocador que fomentó la actitud de los chavales.
Boniface Ofogo explica que sus espectadores cambian mucho, «no son iguales los niños de Madrid y los de Ciudad Real, como tampoco es lo mismo dentro de una ciudad, un barrio que otro y lo mismo para los adultos».
En el caso de Ciudad Real, donde ya ha trabajado varias veces, Ofogo advierte que esta vez ha encontrado un grupo algo diferente a lo habitual, puesto que los chicos de la asociación Los Andes (que le regalaron un mural de bienvenida) «estaban muy sorprendido y eran algo menos participativos que los niños del grupo de la biblioteca».