Un señor pasea por el parque de Gasset y encuentra un libro, precisamente del autor que buscaba. Entre sorprendido y entusiasmado empieza a hojearlo y se percata de que tiene un código, un Bcid, por lo que entiende que el siguiente paso es registrarse en bookcrossing.com e introducir esta especie de DNI del libro, clave que le permitirá encontrar los sitios por donde ha viajado el ejemplar y quiénes lo han leído, junto a sus opiniones.
Así de fácil y asequible es leer un buen libro que después volverá a ser liberado para que lo pueda encontrar otra persona, y quién sabe en qué rincón o parte del mundo porque el bookcrossing no tiene límites, es un club de libros global que atraviesa el tiempo y el espacio haciendo del mundo una gran biblioteca.
Una iniciativa que se desarrolló ayer en la capital y que congregó a una veintena de personas de muy diferentes lugares, en el VI Encuentro Nacional, en el que se liberaron 200 libros, según explicó Luis Zarreño, miembro de la organización. Así, si las anteriores ediciones se celebraron en ciudades como Madrid o Barcelona, este año era el turno de Ciudad Real, donde quienes participaron eligieron como espacio para liberar los volúmenes el emblemático parque de Gasset.
Lugares impensables. Algunas de las participantes, como María José Serrano, 'Syria' dentro del mundo del bookcrossing, comentó a este diario que esta iniciativa es como una gran biblioteca sin puertas ni ventanas, y cualquier espacio es bueno para dejar un libro. Otra de las participantes, Francis, destacó que ella liberó en una ocasión un libro en Zaragoza en la boca de un león del conjunto arquitectónico de Alfonso El Batallador. (Más información en la edición impresa)