Cuando en 1980 se declaró a La Mancha Húmeda como Reserva de la Biosfera había unos 117 humedales a los que les correspondían unas 7.550 hectáreas inundables, incluyendo Las Tablas de Daimiel y las Lagunas de Ruidera. «Treinta y dos años después han desaparecido 48 (un 25% de la superficie inundable)». El investigador del CSIC, Santos Cirujano, aprovechó ayer su presencia en una conferencia de prensa por el Día de los Humedales para llamar la atención sobre una cuestión «elemental y básica» para mejorar, mantener y recuperar estos espacios manchegos: «El problema no es solo que el paisaje se haya ido destruyendo -La Mancha en tiempos geológicos era un mar- por cultivos y otras causas, sino la calidad del agua de nuestros humedales». Calidad frente a cantidad para actuar en las 750 hectáreas desaparecidas que son recuperables (15%) y los 62 humedales en los que se puede todavía actuar y que el proyecto Life europeo no puede abarcar en su totalidad.
Con la sombra todavía vigente de la descatalogación como reserva de un patrimonio natural extraordinario, la primera que se llevaría a cabo a nivel mundial, el científico del Jardín Botánico de Madrid resaltó que la recuperación de los humedales «se quedará coja» si no se aplican medidas que mejoren la calidad de las aguas tanto superficiales como subterráneas. Acciones que tienen nombre y apellidos: el control del agua que vierten las depuradoras en los humedales manchegos, mediante nuevos sistemas de depuración. «Hay que tener en cuenta que son máquinas que se rompen, y cuyas deficiencias afectan a los microorganismos acuáticos de estos ecosistemas, porque los estudios nos dicen que el agua de estas máquinas no valen para recuperar el humedal», precisó Cirujano. Añadió: «El 30% de las infraestructuras que vierten a los terrenos de la Reserva no cumplen la normativa europea».
(más información en la edición impresa)