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Provincia

06/09/2010

Villanueva de los Infantes

¡Menudo pisto!

Miles de personas, música, bebida y el tributo a 1.300 kilos de pimiento • Con tan sólo siete años de vida, la mayor cita gastronómica de la zona se consolida como fiesta de referencia

La gente mira expectante y fotografía la retirada de la sartén de pisto de la lumbre, con la ayuda de la pluma de un camión. El aplauso posterior es el regalo para los cocineros.

Carlos Sendarrubias
Nieves Sánchez

De mirada pícara, tez morena y cuerpo enjuto, José Mena (con blusón manchego anudado a la cintura y sombrero de paja) no tiene pelos en la lengua a la hora de hablar y tampoco nada que envidiar, visto lo visto, a los ‘grandes de la cuchara’ cuando se pone manos a la masa: «Somos los mejores, nadie cocina el pisto como nosotros y punto». Se refiere a Paco, José Luis, Javier y compañía, el grupo de amigos y voluntarios que, bajo el paraguas de la Asociación para el Desarrollo del Campo de Montiel (Turinfa), organiza cada año, desde hace siete, el pisto gigante con el que se pone el broche de oro a las Jornadas del Pimiento de Villanueva de los Infantes.
Con el cucharón en la mano con el que mide el punto de sal y la acidez de la mezcla, José sonríe y confirma lo que la sartén ya advierte con su aroma: «Menudo pisto va a salir este año, rico, rico, a la gente le va a encantar». Cierto, el aplauso de miles de personas cuando se retira la sartén del fuego tras siete horas y media de movimiento de paletas da fe de eso.
Este hombre lleva desde 2003 cocinando el pisto gigante para cerca de 8.000 personas, primero en la plaza de España y ahora en la plaza de la Fuente Vieja, pero con una diferencia: «El primer año hubo unas 600 personas y al siguiente ya tuvimos que ampliar porque nos desbordaron», afirma.
Es la una de la tarde y la plaza cuenta ya desde hace horas con los ingredientes básicos para el éxito. La música suena, el mercado medieval luce colores y aromas llamativos en una de las calles aledañas, olor a comida, bebida, mucha gente con ganas de pasarlo bien y la sartén. Bajo un sol de justicia, una treintena de hombres, entre voluntarios y miembros de Turinfa, remueven con grandes paletas un pisto que ya va tomando forma. Los curiosos se aproximan tras las vallas, echan fotos y preguntan cuánto le queda al manjar.
Se trata de un plato multitudinario que comenzó a gestarse el sábado con la ‘cortá del pimiento’ y el escaldado del tomate. Los agricultores, a través de las cooperativas de la comarca, donan a la causa gastronómica los pimientos (recién cortados porque esta es su época), que son transportados a un almacén donde unos 300 voluntarios del pueblo lo cortan y dejan preparado para el domingo. «La gente se implica de una forma extraordinaria y eso es lo que precisamente buscamos con esta fiesta, que los vecinos de la comarca, donde el cultivo del pimiento es tan importante, la sientan como suya». El dueño de estas palabras es Javier Pacheco, vicepresidente de Turinfa y fiel cada año a la cita.
Una vez está todo preparado, a las ocho de la mañana del domingo se enciende la lumbre en la calle, para la que se utilizan 2.000 kilos de leña, donde se coloca la sartén de cuatro metros de diámetro.
Ni las fiestas patronales ni cualquier otra cita atrae a tanta gente como las Jornadas del Pimiento y, en concreto, el día del pisto. El por qué radica, según el alcalde de Infantes, Gabino Marcos, en que la gente sabe que la fiesta «es del pueblo, para ellos y hecha por ellos». Pero hay más claves que conviene analizar para entender el éxito de un evento que nació tan sólo hace siete años.

El pimiento infanteño. En la receta se han empleado en esta ocasión 1.300 kilos de pimientos, 700 de tomates, 500 de magro y panceta, 120 litros de aceite de oliva del Campo de Montiel, 26 kilos de sal y unos cinco o seis kilos de azúcar. Todo para preparar el verdadero pisto manchego: «Nada de otras verduras ni cosas raras, el pisto de aquí es con tomate, pimiento y carné y su secreto mucho amor», dice el cocinero.
No obstante el verdadero protagonista del plato es el pimiento de Infantes, de una excepcional calidad y cultivo estrella de la zona, al que se dedican en cuerpo y alma muchas personas en la comarca. Y es que no hay que pasar por alto que la Jornada del Pimiento nació, precisamente, para la promoción de este producto y para el fomento del turismo alrededor de la belleza de Infantes y sus tesoros gastronómicos.
De hecho, el regidor infanteño lo tiene muy claro: «Aquí tenemos vino, quesos y aceites de muy buena calidad, pero nuestro pimiento es excepcional y nace con esa calidad porque sólo se puede cultivar en Infantes por nuestra agua, la tierra, la semilla y el cariño que pone la gente en su cultivo», explicaba ayer Marcos minutos antes de coger una paleta y ponerse a remover él mismo el pisto.
Un cultivo que efectivamente genera por temporada alrededor de los cuatro millones de kilos y que ya está luchando por conseguir la denominación de origen. «Estamos en la parte que se exige para ser DO de buscar la historia del cultivo, de forma que podamos darle la categoría y empaque», comenta el alcalde. Además, el Ayuntamiento y los agricultores están trabajando en la creación de una conservera para la producción de pimiento envasado para su posterior comercialización y venta. Un proyecto ambicioso para un producto «de lujo».

un día de convivencia. El segundo ingrediente del éxito de la jornada del pisto es sin duda alguna la convivencia. «Yo soy infanteña pero vivo en Madrid y no me pierdo nunca el día del pisto», comenta Mari Cruz Pérez, que junto a su hermana Carmen y demás familiares ocupan un lugar privilegiado a la sombra en los jardines de la plaza.
Desde hace tres años la fisonomía de la fiesta ha cambiado. Lejos quedó la imagen general de la gente comiendo el pisto de pie o sobre bancos (que se sigue dando, aunque en menor medida). Ahora lo que se lleva es montar el ‘kit del pimiento’, que consiste en una mesa de camping, con sus sillas y su lona para el sol, el vino y la cerveza en neveras y los aperitivos y postres para tomar el café. Como si de una romería se tratara en mitad del municipio los infanteños, haciendo alarde de simpatía y amabilidad, se montan su propio chiringuito. La única pega es coger sitio: «Yo este año me he venido a las siete de la mañana para poner la mesa», dice Antonio Merino. Como él, los demás han hecho lo propio para ocupar cada palmo del jardín, hasta convertirlo en una ‘salón’ de celebraciones. Buen pimiento, buen vino, buen ambiente y la mesa puesta para el convite.
Seguramente, alguien que pudiera ver esta estampa desde la distancia y sin conocer la fiesta diría: ¡Menudo pisto el que se monta en la villa cervantina!    

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