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Provincia

17/03/2010

Retuerta del Bullaque, Trabajos de exhumación de los tres maquis fallecidos

Primeras paladas para recuperar la historia

La AHRM inicia la búsqueda de los restos de tres maquis en la provincia, el ‘Manco de Agudo’, ‘El Parral’ y el ‘Comandante Honorio’ • La primera jornada se cierra sin resultados

Inicio de la exhumación de los restos de Maquis en Retuerta del Bullaque

Rueda V illaverde
M. Sierra

El 12 de marzo de 1949, los maquis José Menéndez Jaramago (el Manco de Agudo), de 34 años; Honorio Molina Merino (comandante Honorio); y Reyes Saucedo Cuadrado (El Parral), ambos de 31 años y todos ellos residentes en Agudo, perdían la vida en la Sierra del Carrizal a manos de la Guardia Civil, al parecer, mientras se calentaban en un chozo. Eran los miembros de una partida de maquis en torno a los cuales había crecido un gran leyenda en toda la comarca. Justo un día después de su muerte, tras ser trasladados a Retuerta del Bullaque, se les dio sepultura en una fosa común en la zona civil de lo que entonces era el cementerio municipal. Con la última palada de tierra, su historia se sumió en el olvido y en el silencio, hasta ayer, 16 de marzo de 2010, día en el que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) comenzó las excavaciones para la exhumación de sus cuerpos. Ésta es la primera fosa que se abre en España este año, y la segunda de la provincia de Ciudad Real (Fontanosa 2006) desde que la asociación empezó a funcionar en el año 2001.
A las once de la mañana se daban las primeras paladas para descubrir la fosa en la que podían estar los cuerpos de estos tres guerrilleros antifranquistas. Y se daban con ciertas dudas, las que plantearon algunos vecinos de la localidad que dieron también su versión de los hechos. «Algo más hacia la izquierda, junto al muro», dijeron unos, otros dudaban entre el lugar elegido y un montón de escombros cercano. Las opiniones variaban, sesenta años de silencio son muchos, incluso para los que fueron testigos.
Precisamente la información aportada por los vecinos es la que ha permitido ubicar el lugar de enterramiento de los tres maquis, «los últimos que quedaron en la zona, ya que otros muchos se salvaron tras llegar a Francia», apuntó Juan Pedro Esteban, historiador. Los tres fueron enterrados en la zona civil del antiguo cementerio de la localidad, propiedad del Obispado de Ciudad Real, al que se pidió el permiso pertinente para realizar los estudios. La ARHM consiguió la identificación y la fecha del fallecimiento a través del registro local.

Primeros resultados. Pasadas las 12.30 horas, la pala y el pico fueron sustituidos por una brocha y un paletín, a fin de no dañar los primeros huesos que salieron a la luz y que fueron una rótula y un fémur o tal vez un húmero. Se generó una leve expectación, que quedó en nada, una vez que los restos de cajas mortuorias descartaban que se tratara de los maquis. Como consecuencia, la asociación se plantea hoy «empezar a cavar un poco más hacia la izquierda» explicó Macías a La Tribuna, quien auguró que hoy podrían encontrarse los cuerpos, lo que se comunicaría a la familia rápidamente. «A partir de ese momento las excavaciones se ralentizarían a fin de sacarles de manera individual».
Una vez que esto ocurra, explicó, se les trasladará a un laboratorio forense, donde se llevará a cabo el proceso final de identificación, que podría durar entre tres y cuatro meses.
El paso siguiente será entregar los cuerpos a sus familiares que son quienes han reclamado su recuperación. La mayoría son hijos y sobrinos, ya que a ninguno le sobrevivió mujer o hermanos.
«La recuperación de los restos ayudará a conocer la realidad de lo que pasó», explicó a los medios ayer Esteban Palomero, uno de los implicados en la apertura de esta fosa. Una realidad que ya en lo que se refiere a la muerte ofrece en el entorno dos posibles versiones, una que apunta a que murieron a consecuencia de los disparos de la Guardia Civil, y otra que habla de un posible envenenamiento.
Algo menos teórico, más preciso y ligeramente dantesco es la versión de los hechos de aquel fatídico 12 de marzo que narra Fabián Gamara, vecino de Retuerta. Según el mismo explica, cuando todo pasó estaba arrancando brezo en el carrizal y «como cosas de juventud nos acercamos a ver que había pasado con los maquis. Allí, vi el cuerpo sin vida del manco de Agudo, con un tiro limpio en la cabeza, en el propio campamento, y más abajo se hallaba el cadáver del comandante Honorio, boca arriba y ensangrentado». Lo que pasara después, una vez que se trasladaron a los tres fallecidos a la localidad, no se atreve a asegurarlo, porque sólo lo sabe de oídas, incluso el lugar exacto donde enterraron los cuerpos «que trasladaron hasta el cementerio en un carro».
Una vez que se encuentren los restos de estos tres fallecidos la ARMH habrá recuperado casi 1.500 personas, de las cuales, se han identificado el 90%. En este punto, explicó Santiago Macías, «contamos con que uno de ellos era manco y la estatura de los otros dos».

El manco de Agudo. La historia de cada uno de estos maquis escribe un capítulo olvidado de la postguerra. La del Manco de Agudo, sin ir más lejos, cuenta Esteban Palomero, no habla de intereses políticos, sino más bien un desafortunado lance del destino. Él y su familia estaban en el lugar y en el momento equivocado.
El delito de José Menéndez Jaramago, natural de Higuera de Vargas (Badajoz), fue trabajar con su padre y sus hermanos en las obras de la carretera que unía Agudo y Puebla de Don Rodrigo después de la guerra. Tanto a él como a su padre les acusaron de servir de enlaces (estos eran las personas que ayudaban a sobrevivir a estos guerrilleros una vez en la sierra ) a los antifranquistas.
Las acusaciones le costaron a su padre grandes palizas, que llevaron a toda la familia a plantearse huir. Unos meses después, en estas circunstancias, moría su hermano pequeño, Antonio Méndez Jaramago, de 18 años, y en 1941, su padre. Él consiguió sobrevivirles casi nueve años, y se convirtió en uno de los maquis más reconocidos de la zona, junto con el ‘Comandante Honorio’ y el ‘Parral’.
Según Esteban Palomero, un sobrino es el que reclama ahora el cuerpo del manco de Agudo, que debe su mote a que perdió el antebrazo durante la Guerra Civil. Al parecer, la hermana del fallecido, que también vivió parte de la posguerra en la sierra, y a la que dieron por muerta, consiguió llegar a Valencia, donde, murió en 2008, justo un año antes de que se iniciarán los trámites para recuperar el cadáver de su hermano.    

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