Así se le conocía antiguamente al Carnaval en nuestra piel de toro. Carnestolendas es la abreviación de la frase latina: "Dominica ante carnes tollendas" que significa el domingo antes de quitar las carnes, referido a los tres días que preceden al Miércoles de Ceniza, que es cuando empieza la Cuaresma en el mundo cristiano. Hoy es martes y el carnaval exhala sus últimos suspiros en este año bisiesto que ataca la cuesta de febrero con un día más en el calendario. Un año más la imaginación, la creatividad, el colorido, la alegría y el desenfreno se han adueñado de las calles y plazas de todos los rincones de España. Pese a la crisis que nos atenaza, a la fiesta no le ha faltado música, disfraces, bailes y buen humor, además de gente sin pelos en la lengua. Muchos vecinos han sacado de paseo su palabrería mordaz, sus voces más estridentes, los gestos desmesurados, sus aspectos camaleónicos, y todos los adornos de la apariencia con intención de pasarlo bien.
Fuera de nuestras fronteras los carnavales de otras ciudades han cobrado el esplendor y la fama que atesoran por la tradición y han dirigido sus fiestas a través de los perfiles monográficos por los que alcanzaron justa fama. Así el de Niza es el carnaval de las flores con una comitiva festiva y kilométrica que expide fragancia y aroma en su belicoso recorrido; el de Venecia tiene el encanto del teatro. Sus calles y plazos con decorados de góndolas, se llenan de escenarios marca de la casa; el Carnaval de Nueva Orleáns estalla en música de jazz a lo largo de estos días, con profusas orquestas que amenizan los barrios llevando el hechizo y el misterio emanados de las notas musicales; el de Río de Janeiro es, tal vez, la fiesta carnavalera por excelencia: la música se desborda y empuja a los nativos que lucen sus disfraces más vistosos, a bailar día y noche, en sus escuelas de samba llenas de coreografía que envuelve y conmueve. Por nuestra tierra gozan de fama los de Tenerife y Cádiz. Sus lugareños llevan la fiesta en la sangre. Las murgas, chirigotas, rondallas, comparsas y agrupaciones son el alma, el corazón y la voz de estas fiestas que cantan y censuran a políticos y personajes, con sátiras cargadas de humor.
Pasados los fastos será tiempo de quitarnos las caretas que oprimen a nuestra vida social: que a la Justicia se le caiga de manera simbólica el velo con que cubre sus ojos, para hacerla más dinámica y justiciera; llegan tiempos de cambio para que los hábitos que constriñen a nuestras estructuras empresariales se agilicen como forma de crear nuevos puestos de trabajo; vienen días para que la educación y la sanidad disminuyan sus costes y aumenten su eficacia ante los ciudadanos; son tiempos propicios para soltar lastre que asfixian a la calidad y competitividad de la marca España en el mundo. Nuestra época es favorable y oportuna para que busquemos la excelencia en todas nuestras actuaciones y, de una vez por todas, vayamos juntos contra la desgana y la chapuza nacional que pueden acabar con nuestra convivencia, disfrazada de inoperancia y hastío.