Este viernes los españoles, mercados internacionales, agencias de calificación, Unión Europea y un largo etcétera de entidades y, sobre todo, personas y familias a la enésima de las reformas que el Gabinete de Mariano Rajoy había prometido para su primer trimestre en Moncloa. El nuevo presidente, desde luego, puede acertar o equivocarse, verse respaldado por los mercados o abofeteado por el triunvirato de la calificación del riesgo pero lo que no parece dispuesto a hacer es a dejar pasar el tiempo en balde.
La situación económica en España -en Europa también- está en estado crítico independientemente de quien gobierne porque hay que recordar que las arcas del Estado ni se llenan ni se vacían de la noche a la mañana por arte de birlibirloque. La anterior etapa se vio marcada por una serie de parches que desde la campaña electoral del 2007 se destapan como un ejercicio de marketing tanto para evitar el colapso financiero que al final llegó como para mantener los niveles mínimos de mercadotecnia que pudieran, cuando menos, garantizar que en las elecciones generales se iba a poder presentar batalla.
La reforma laboral, la financiera e, incluso, la educativa son las herramientas de las que el Estado puede dotarnos en estos momentos en los que el paternalismo habría de cobrar forma de subvención y, desgraciadamente, las cosas no están para eso. La inversión ha de fluir para poder crear empleo y para ello es necesaria la inyección de liquidez a través de los préstamos bancarios.
El Gobierno de Mariano Rajoy ya se ha apresurado a "garantizar" que en 2012 no se creará empleo neto (estaría bueno que ahora creyéramos en los milagros macroeconómicos) pero es que esa no es su obligación sino establecer los cauces para que la sociedad sea quien capitanee su propio resurgir sin depender de los subterfugios a los que en este país estamos acostumbrados desde hace décadas a través de una clase política depauperada y un hiperproteccionismo capaz de hacer verosímil que hay que crear un lago artificial en el desierto de Almería.
La época del todo es posible "gracias a la participación pública" ha de pasar a mejor vida y ya que, efectivamente no sólo con recortes o subidas de impuestos se anda el camino habrá que pensar que los ciudadanos somos responsables de nuestras propias acciones tanto como responsables de exigir a quienes elegimos para que nos gobiernen para que no nos hagan la vida imposible con actitudes decimonónicas ni propias de arciprestazgos cargados de un poder caduco y rancio.
La reforma laboral y financiera no van a crear empleo por si mismas, eso es evidente y además ya lo habría hecho el Gobierno de Rodríguez Zapatero y hasta el de Angela Merkel pero puede permitir a una sociedad activa, emprendedora, con los mejores investigadores del mundo y los economistas más refutados a nivel internacional poner sobre la mesa de lo que es capaz y luego saber si eso es más de lo que ahora tenemos o tenemos que renunciar a ello.