El cónclave que el PSOE celebró el fin de semana en Sevilla, lejos de aportar soluciones, ha empezado a generar roces de cierta intensidad en distintos estamentos de la organización y en determinadas territoriales. Considerando incluso natural que después de un congreso de esta envergadura languidezcan los ánimos entre quienes apostaron por el perdedor, en las primeras horas de Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general del PSOE están surgiendo voces críticas con la nueva dirección, de desapego hacia el proyecto que lidera quien fuera el último cabeza de cartel electoral socialista y mano derecha del expresidente Rodríguez Zapatero al frente de su último Gobierno. En Castilla-La Mancha, una de las más críticas ha sido la del alcalde de Puertollano, Joaquín Hermoso Murillo, que en menos de 48 horas desde que Rubalcaba tomó el liderazgo del partido ya ha anunciado que abandonará todos sus cargos orgánicos. Y la razón no es baladí: el modelo de partido que, según él, se ha resultado ganador, no es diferente al que él defiende.
La declaración de intenciones de Hermoso Murillo deja bien a las claras que en Sevilla el PSOE no ha salido unido. Al menos, no lo está por ahora. La cicatrización de las heridas requiere de tiempo para asimilar la derrota por aquellos que apostaron por Carme Chacón para gestionar la catastrófica herencia de Zapatero. También de maduración del proyecto por quienes tienen que ponerlo en práctica y, sobre todo, de la disposición a colaborar de unos y otros. En un partido político democrático, y menos aún en uno que presume de gozar de la mayor democracia interna, no debe haber atisbo alguno de sometimiento del vencedor, pero tampoco debe existir por los perdedores actitudes que pongan en duda su capacidad para asimilar las derrotas. Más aún, como el propio Hermoso Murillo afirmó ayer, Chacón quedó en minoría, pero con un respaldo casi tan amplio como el de Pérez Rubalcaba, lo que hace inevitable una hoja de ruta con mucho diálogo. De ahí que reacciones tan contundentes como la del alcalde de Puertollano no pueden ser en ningún caso un buen camino para reanimar la vida interna de su partido, salvo que en este caso Joaquín Hermoso tenga muy claro que el PSOE está muerto y no quiera participar en el entierro. El 80% de apoyo a la nueva Ejecutiva Federal es el más bajo logrado en sus congresos, pero también deja claro que más de la mitad de quienes votaron a Chacón están conformes con el proyecto y la nueva dirección. Y, precisamente, por el elevado apoyo brindado a Chacón, ese 49% debe dejarse oír con sus propuestas, en lugar de renunciar a pelear. El debate es lo que mantiene vivas todo tipo de organizaciones.