La lista de personas sin empleo es cada día mayor. Si hace siete días así lo reflejaba la Encuesta de Población Activa (EPA) ayer quedaba constancia de ello en los datos mensuales que difunde el Gobierno sobre la evolución del desempleo. Es el peor arranque de año desde que empezó la crisis, ya que en un solo mes se inscribieron en los organismos públicos de demanda de empleo 3.122 personas, una cifra que supone que cada día de enero más de cien trabajadores perdieron su empleo. Una media que refleja la cruel realidad en la que conviven millones de personas de todo el país desde hace más de tres años y que, lejos de remitir, presenta síntomas de agravarse. El encadenamiento de cinco meses consecutivos de bajada del paro en 2011, entre marzo y junio y después también en agosto, fue un espejismo. Desde entonces, en solo cuatro meses la trágica lista de desempleados se ha incrementado en más de 8.000 personas en Ciudad Real, nada menos que un 15,4% más hoy que a finales de agosto.
La cifra mensual o trimestral refleja el drama de millones de ciudadanos, que afrontan su futuro con una incertidumbre a las que los poderes públicos no deben ser ajenos. Sean o no los responsables de la situación que se vive, son ahora los encargados de dar soluciones, de dar respuesta a los ciudadanos. Cada día se agota el tiempo para las miles de personas que, en un goteo constante, pierden también su protección social después de haber perdido su empleo. Para todos ellos, y para quienes todavía conservan su trabajo, es imprescindible que los gobiernos (en todos sus niveles) sienten las bases de la recuperación.
La reforma laboral que desde hace semanas se negocia entre patronal y sindicatos debe ser el punto de partida, pero difícilmente debe fiarse toda la suerte a este acuerdo. Más allá de que se modifiquen las condiciones de contratación y/o despido es también imprescindible que quienes nos gobiernan pongan sobre la mesa el debate sobre la economía productiva que necesita España. Va a ser un proceso muy largo y, por tanto, volver a la normalidad no va a resultar fácil, ni siquiera a medio plazo. En el mejor de los casos, los expertos avanzan que se necesitarán entre ocho y diez años para que las cifras de paro vuelvan a niveles previos a la crisis. Sea lo que sea, lo importante es que la recuperación se encauce mediante un proyecto socioeconómico y laboral serio, que garantice que no se vuelven a cometer errores del pasado.