El tono de voz en una simple llamada de teléfono nos cuenta muchas cosas. No es necesario observar la cara de la persona que habla para sentir que algo le inquieta, para percibir que la fuerza que generalmente se tiene se diluye ante quién sabe qué preocupación.
A veces, si conoces a la persona, puedes dar rienda suelta a la intuición y encontrar los motivos que provocan esa soledad, consciente o inconsciente, en la voz que escuchamos.
No siempre se tiene el mismo estado de ánimo, nos todos los días son soleados aunque haya un sol impresionante en el cielo, ni los días lluviosos son grises. A veces, muchas, el tiempo se instala en nuestro interior y somos nosotros quienes determinamos la luz o la oscuridad, la intensidad de una u otra, al margen de que sea de día o de noche. Y lo curioso es que no es fácil saber por qué en un momento dado nos sentimos tristes, nostálgicos, o al contrario, llenos de una fuerza especial, de una alegría que nos desborda.
La llegada de una fecha específica por el recuerdo que nos trae, por lo que supone, por lo que hay que hacer, por lo que determina, se convierte en las agujas que mueven el reloj de nuestras emociones. Pasen los años que pasen, vivas las situaciones que vivas. Las explicaciones se tornan caprichosas cuando intentamos que la razón se imponga, cuando no queremos que los sentimientos se mezclen.
Los lugares también se convierten en culpables. El recordar el entorno donde ocurrió algo, o el regresar a él, si fue especial o distinto, si provocó noticias positivas o negativas, si fue el inicio o el final de una historia cualquiera, puede también provocar un tono de voz distinto al que solemos tener.
No hace falta escuchar muchas palabras para percibir la inquietud de quien llama. No importa que «nada» sea la respuesta a esa pregunta que demanda saber si algo ocurre. Los ojos no engañan, como tampoco lo hace el tono de nuestra voz.
Inquietud.
Qué difícil es controlar la incertidumbre cuando se empeña en instalarse en nuestra casa, en el trabajo, en el asiento de al lado del cine, en la cafetería… La cabeza no siempre se entretiene con otras cosas cuando ese nuevo huésped llega sin pedir permiso.
Ese tono de voz…
Aunque se intenta, es complicado hablar con uno mismo para controlar esa incertidumbre que inquieta. No importa el tiempo que haya pasado, ni que todo esté superado, ni que se mire al futuro con total seguridad…Cuando algo se repite, por el calendario, por la rutina, por seguridad, ahí está. Lo bueno es que todo pasa y en unos días, cuando se vuelva a descolgar el teléfono, será otro el tono de voz porque ya se habrá esfumado la incertidumbre.