Tanto en las reacciones oficiales del presidente de la República, Nicolás Sarkozy, como en las de su embajador, Bruno Delaye, en relación con el asesinato de un gendarme francés a manos de un etarra, se pone de manifiesto que España es una democracia. El detalle es revelador. No es que ellos lo pongan en duda, pero son conscientes de que en una parte de la opinión pública gala, cada vez menor, eso sí, aún se percibe la inercia histórica de un lugar común: los españoles son incapaces de convivir. Sarkozy y el embajador se han sentido en la necesidad de desmentirlo para salir al paso de quienes todavía creen que ETA es un grupo separatista cuyo ideario político es reprimido por el Estado español.
Y esa es la razón de la relativamente tardía implicación de los Ejecutivos franceses en la lucha antiterrorista contra una banda de desalmados que nos agobia desde hace casi medio siglo. Sin embargo, la opinión pública francesa siempre se lo tomó como un problema exclusivo de España, como una manifestación más de la secular incapacidad para convivir de sus vecinos.
Esto ya no es así. Al menos en lo que se refiere a los gobernantes galos. El sur del país ya ha dejado de ser el santuario de la banda terrorista que había sido en los años 70 y 80 del siglo pasado. El panorama ya había empezado a cambiar el 29 de marzo de 1992, con la operación de Bidart, en la que fue detenida la troika dirigente de ETA (Artapalo) gracias a la colaboración de la Policía francesa con la Guardia Civil. Hoy por hoy, el nivel de complicidad político, policial y judicial con el país vecino es muy difícil de mejorar. Puede decirse que el frente antiterrorista hispano-francés está mejor que nunca y basta fijarse en la contundencia de Sarkozy («No habrá piedad con Eta») para hacerse una idea.
Otra cosa es, como queda dicho, la forma de percibir el problema por la opinión pública. Es verdad que, después de la muerte del gendarme Jean Serge Nèrin, los franceses ya tienen la prueba de que la amenaza también va con ellos. No era la primera vez que la banda disparaba contra policías galos pero es la primera que lo hace con resultado de muerte.
En los funerales de Estado por el agente muerto, previstos para este martes, estará presente el presidente del Gobierno español. El mismo día del atentado, Zapatero dijo en el Congreso que sentía el fallecimiento «como si se tratara de un miembro de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado». Estoy seguro de que ha interpretado el sentir mayoritario de los españoles.
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