Raúl Castro asegura que en Cuba no hay tortura ni ejecuciones extrajudiciales. Sin embargo, los hechos lo desmienten. La falta de respeto a los derechos humanos del régimen autoritario que gobierna en la isla caribeña es una cuestión que no se puede rebatir por más que determinados sectores de la izquierda miren con condescendencia a un régimen que no tolera la disidencia ni las libertades individuales.
El pasado 23 de febrero falleció el disidente cubano Orlando Zapata tras haber mantenido una huelga de hambre durante 85 días como forma de protesta contra la privación de las libertades públicas y la constante vulneración de los derechos humanos. Su actitud ha sido secundada por otros disidentes cubanos como Guillermo Fariñas, alertando de nuevo a la opinión pública internacional de la precariedad con la que el régimen castrista respeta las libertades individuales de sus ciudadanos.
El escritor y filósofo francés Jean Françoise Revel sostenía en El conocimiento inútil que sólo las democracias permiten observar sin trabas a la vez su propio sistema y los otros dos: el sistema totalitario y el autoritario, en el que se mezclan censura y libertad. Sin embargo, Revel sostenía que las democracias muchas veces han sustituido la censura por el tabú. Según el filósofo francés, en democracia, el obstáculo a la objetividad de la información no es ya la censura. Lo son los prejuicios, la parcialidad, las diferencias entre partidos políticos o las familias intelectuales. En definitiva, lo que más paraliza, cuando la censura ha dejado de existir, es el tabú. Y esto parece ocurrir en España en el caso de Cuba, ya que se intentan suavizar las críticas o la condena al régimen castrista. En ello influye, sin duda, el vínculo especial que los españoles mantenemos con el pueblo cubano. Pero esta cercanía, afianzada más si cabe por una lengua común, no deber ser un factor que diluya la condena a un régimen que no respeta los derechos y libertades fundamentales. Las democracias, si por algo se caracterizan es por ponerse siempre del lado de los derechos humanos y de las víctimas de la represión.
La presión que las instituciones democráticas españolas pueden realizar para cambiar la tendencia en Cuba es importante, desde la propia diplomacia hasta mociones institucionales. Muchos pensarán que los ayuntamientos no son precisamente los foros para debatir este tipo de asuntos, pero lo cierto es que los derechos humanos son universales y pueden y deber ser defendidos desde todos los ámbitos.