El abismo al que la presidenta regional del PP, María Dolores Cospedal, ha colocado a la presidenta provincial de su partido y alcaldesa de Ciudad Real ante la exacerbada crítica del PP regional hacia los promotores del aeropuerto está llevando a Rosa Romero a una situación de tremenda incomodidad que, finalmente, ella misma parece que se ha encargado de asumir con displicencia. Tanto, que en la primera ocasión brindada por los periodistas para que fijara posición optó ayer por una respuesta tan tibia que no sólo no despejó dudas sino que abrió la puerta a una reflexión mucho más preocupante. Si, tal y como dijo, aún no puede dar una opinión sobre la polémica (creada por su propio partido contra un aval de la Junta a la sociedad promotora del aeropuerto) el problema es otro, y más grave si cabe. ¿A qué espera entonces la alcaldesa de Ciudad Real para ganar profundidad en el conocimiento de un asunto cuya importancia es vital para el futuro de la ciudad? Si después de más de dos semanas de polémica aún no se ha interesado en saber qué ocurre la primera lectura que se puede obtener no deja a Romero en buen lugar, sin duda.
Argumentar desconocimiento sobre asuntos vitales para el futuro de la ciudad condena a la alcaldesa a un lugar mucho peor que si hubiera respondido que está de acuerdo con su jefa orgánica, María Dolores Cospedal. Quizá habría que aclarar que los alcaldes, y en general los cargos públicos, no están sólo para recibir información sino también para demandarla. Y como alcaldesa de Ciudad Real Romero ha tenido tiempo suficiente para entrar en el conocimiento de la materia. Si aún no lo tiene es motivo de alarma. Y si lo tiene pero no lo dice porque le hace quedar mal con su partido, peligro también. Desgraciadamente, ayer fue incapaz de cerrar el interrogante de si entre sus obligaciones pesan más las del cargo orgánico como presidenta del PP o las institucionales de alcaldesa. En ambos se debe a quienes un día depositaron confianza en ella, y aunque lo normal sería que optara por defender en primera instancia los intereses de quienes le votaron en las urnas, da la sensación de lo contrario.
La tibieza de su respuesta es un cheque en blanco a la campaña de desprestigio contra el aeropuerto iniciada por Cospedal y le impide estar a la altura como alcaldesa, aunque a cambio le permite mantenerse viva en la estructura regional de un partido que parece obsesionado con impedir que el aeropuerto sea una infraestructura rentable cuando pase la crisis. Aunque según Rosa Romero el primero que debe fijar postura sobre el aval es el Gobierno regional no es ese el camino seguido por el PPde Castilla-La Mancha. Quizá su grado de desconocimiento del problema sea tan real que ni siquiera se haya enterado todavía de que su partido fijó posiciones mucho antes que la Junta.
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