Más allá del ruido y la distorsión, la demagogia y los despropósitos, hay algunas certezas que obligan a reflexionar sobre el sistema público de pensiones. Es evidente que nuestra esperanza de vida aumenta y que los índices de natalidad disminuyen. Y eso, sin llegar a pulverizar marcas, como la de la abuela georgiana que ha cumplido 130 años y se aprieta chupitos de vodka en días alternos para celebrar su entrada en el libro Guiness de los récords, supone un problema a medio y largo plazo. Probablemente, dentro de 30 años el sistema público de pensiones tendrá que sostener al doble de pensionistas de los que sostiene en la actualidad, pero parece evidente que los cotizantes a la Seguridad Social no se van a multiplicar por dos. Las cifras, en este momento son las siguientes: por cada receptor de una pensión hay en España 2,56 cotizantes. Pero en tres décadas, la proporción se puede reducir, según las proyecciones de diversos organismos oficiales, a un cotizante por pensionista. Sin duda, debemos congratularnos por nuestra buena salud y longevidad creciente. Pero conviene añadir a tanto júbilo una sencilla reflexión: si mi abuelo cobró pensión durante 5 años, mi padre puede cobrarla unos 15 años y yo aspiro a superar los 20 años como pensionista, tenemos que replantearnos el sistema público de pensiones para no agotarlo por falta de previsión.
El debate para adecuar nuestro sistema público de pensiones es necesario, pero en este país es prácticamente imposible abordar cualquier debate serio, sereno y profundo, sin caer en la caricatura, la demagogia y el exceso. Así, metidos de hoz y coz en el «lado oscuro de la política», ahora parece ser más interesante averiguar qué políticos y miembros del gobierno tienen contratados planes privados de pensiones, estigmatizarlos y derrochar comentarios ingeniosos. El que quiera y pueda pagarse un plan privado para complementar su pensión, que será con toda seguridad más baja a su último salario, que lo haga. Pero no desviemos la atención sobre lo importante, porque son muchos los españoles cuyo bienestar futuro dependerá de esa pensión y su situación presente no le permite pagarse planes alternativos. A ellos les importa una higa que Zapatero o Rajoy tengan un plan de pensiones. Lo que quieren es que les garanticen las suyas y se dejen de peleas inútiles, globos-sonda y frases ingeniosas. Zapatero ha puesto una propuesta de reforma sobre la mesa, el PP de Aznar puso otra en su día. Y estamos esperando a que la ponga Rajoy, si es que la tiene. Cualquier sugerencia será bienvenida. Ocúpense de lo importante.
Manifestación de funcionarios en Madrid
Rubalcaba, elegido Secretario General del PSOE
Llega una nueva ola de frío a España
El Tiempo en España en las próximas horas
Rifirrafe entre Mariano Rajoy y Rosa Díez