Atisbo un horizonte sin ETA. Una esperanza hilvanada gracias a la presión del Estado de Derecho frente a los terroristas. Rodríguez Zapatero se está mostrando firme, estricto y coherente en su defensa del orden constitucional a través del Ministerio de Interior, muy bien coordinado por Pérez Rubalcaba, que se ha marcado una estrategia para ganar esta batalla. No admitirá exigencias chantajistas. Los etarras siempre han sido víboras repugnantes, bestias nacidas para matar, sin embargo, ETA se halla ante el momento y la forma más elegante de abandonar las armas. La violencia no es sólo armada, también existe violencia en las ideas o en la intolerancia. Una cosa es disentir y otra distorsionar. Hay ahí fuera un torbellino de crispación desatado. Algunos políticos me parecen ser dignos de un estudio neurológico, ya que deben de tener alguna alteración en su sistema nervioso, cosa que les impide el flujo de sangre a los capilares de la cara para sonrojarse cuando mienten. Quizá su cutis contenga células de amianto o cemento en su composición.
Con las últimas detenciones a líderes y militantes de ETA se ha dado un hachazo a la serpiente etarra en la cabeza. En ETA nadie dimite, sólo es preciso ser más bestia que el otro para mantener su estatus criminal. Cada poco se dice que ha sido detenido el número uno de ETA. Como sigan así de idiotas estos cabecillas (o cabezotas etarras), acabaré pensando que gente con las luces de Belén Esteban son los jefes de la banda asesina. Igual que la princesa del pueblo (mejor la vulgar reina de la zafiedad, Belén Esteban) no va a entrar en la Real Academia de la Lengua, tampoco se puede poner un violín Stradivarius en manos de esos gorilas de ETA. Son igual de descerebrados los detenidos número uno que el que ahora ostenta esos galones, un tal Mikel Kabikoitz Ata. El número uno de ETA no sale en las fotos y pasea tranquilamente por las de Euskadi mientras ETA se desangra y no es capaz de contener la hemorragia.
Llevo años comprobando que en Euskadi, política y sociedad son dos caminos que desembocaban en la vía muerta del terrorismo. Algo se mueve. La sociedad vasca se siente nacionalista, pero no todos se sienten secesionistas. El régimen de terror que ETA trata de imponer en el País Vasco no cuajará. Dijeran lo que dijeron muchos colegas y políticos, ni el Gobierno de Zapatero se ha rendido ni ETA está ganando este pulso. Se acabó aquella leyenda de indestructible donde decían que detrás de cada militante de ETA capturado, otro recogía su antorcha. Acabó el mito de invulnerabilidad de la banda vasca. Si no hay abandono previo de las armas, no habrá gestos con los presos ni negociación posible.
Ya veo luz al final del túnel, confío en que alguien de ETA no ordene que se haga más túnel. El nombre de la banda está encharcado de sangre y sus vigas padecen aluminosis de impotencia. Adiós, ETA, agur.
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