Nuestra derecha es más conservadora que católica. O mejor, es católica a fuerza de conservadora: su cultura es católica y no está dispuesta a que nadie le arranque su particular cristianismo. Ni siquiera el Papa: disgustó a los hispanos conservadores que san Pío V dictase en 1567 "De Salutate Gregis Dominici" condenando los toros: "estos sangrientos y vergonzosos espectáculos dignos de demonios y no de hombres". En ella, este piadoso e inteligente dominico, se mostró coherente con el juicio que le merecían esos espectáculos: "Si alguno llegase a encontrar en éstos la muerte, que la sepultura eclesiástica le sea negada". Pero el castigo no se limitaba a los actores del festejo: "Prohibimos e impedimos, en virtud de que la presente Constitución estará vigente para siempre, so pena de incurrir "ipso facto" en la excomunión y anatema, a los clérigos, así como a los seglares… asistir a estos espectáculos".
"Siempre", es término relativo incluso en cuestiones sobrenaturales y Felipe II no estaba dispuesto a consentir el enfado de sus súbditos: no pudo hacer cambiar la opinión a san Pío; pero sí la del siguiente papa, que -¡oh casualidad!- había sido nuncio en España y gozaba de la confianza del poderoso monarca. Retiró la excomunión y la prohibición de entierro en sagrado. La prohibición de asistencia a las corridas se limitó a los clérigos y Roma la mantiene, como sus críticas a la "fiesta nacional": "La Iglesia continúa condenando en voz alta, como lo hizo la Santidad de Pío V, estos sangrientos y vergonzosos espectáculos", escribía en 1920 el famoso Secretario de Estado del Vaticano cardenal Gasparri.
Si prefieren crítica más reciente, ahí está el artículo publicado por L´Osservatore Romano, en su versión francesa para no molestar a los muchos católicos de España e Hispanoamérica, el 16 de enero del 2001, donde una teóloga al servicio de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a la sazón presidida por el hoy Papa Benito XVI, preguntaba al lector: "El derecho a ser asistidos por animales en nuestro tiempo libre, ¿implica el matar a los toros después de haberlos atormentado durante un buen tiempo con banderillas? ¿Implica el reventar los caballos? ¿Implica el lanzar gatos o cabras de lo alto de un campanario?".
Asistimos al espectáculo de unas comunidades gobernadas por conservadores, dispuestos a cuidar y potenciar el "tesoro cultural de la fiesta nacional" que los catalanes están tildando de cruel, como El Vaticano. En cuatro siglos y medio estamos donde estábamos: con nuestros católicos conservadores conservando una "tradición" contra el mismísimo Papa… solo por llevar la contraria a Cataluña, porque Canarias ya lo hizo a iniciativa del PP y ningún "patriota" acudió a salvarla.
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