La que se avecina para Zapatero es de susto, la rentrée -como dicen los cursis- no pinta nada bien para el presidente del Gobierno. Las vacaciones suelen servir para apaciguar tensiones, aparcar asuntos peliagudos y recuperar las fuerzas perdidas, pero nada de eso ha ocurrido en esta ocasión sino todo lo contrario: agosto ha puesto nuevos problemas sobre la mesa y el calendario se empeña en colocar a Zapatero un par de fechas en las que se juega su futuro político. La más importante, la cita parlamentaria en la que debe lograr los apoyos suficientes para sacar adelante los Presupuestos Generales.
El presidente del PNV, como suele ser habitual en estas fechas, llámese Urkullu, Imaz o Arzallus, ha vuelto a poner precio al respaldo a los Presupuestos. Más soberanía a cambio del favor. Un dardo envenenado, porque si Zapatero cede ante las pretensiones de los nacionalistas vascos puede romperse el pacto con el PP que ha convertido a Paxi López en lehendakari. Quizá Zapatero estaría dispuesto a pagar a cambio de mantenerse en Moncloa, pero de ninguna manera lo permitirían miembros destacados del partido, que han tragado de todo en estos dos últimos años, pero que no pasarían por esa deslealtad. De todas maneras habituados estamos a las baladronadas del PNV, a sus órdagos; y en el último minuto permiten al gobierno que saque adelante sus presupuestos, bien votando a favor, bien con la abstención. Se admiten apuestas.
Más complicado para Zapatero es la situación del partido en Madrid. Tomás Gómez y Trinidad Jiménez tratan de mantener una actitud exquisita hacia sus respectivos adversarios, y van más lejos todavía al afirmar Jiménez que Zapatero no le pidió que fuera candidata, lo que es falso, y Tomás Gómez al declarar que Zapatero apoya las primarias, lo que es falso también, el presidente no ha tenido más remedio que aceptarlas porque Gómez se negó a retirar su candidatura. No se sabe quién ganará la batalla, pero los socialistas madrileños se dejan bastantes pelos en esa gatera y además el triunfo de Gómez será considerado un rejón a la política de Zapatero.
Pero quedan aún más fechas negras para Zapatero: la fallida cita de Rodiezmo, a la que acudirá Guerra pero no irá el presidente porque no está el horno para bollos con los sindicatos, y la convocatoria de una huelga general el 29 de septiembre, en la que los sindicatos no están poniendo excesivo empeño, pero que en cualquier caso significa una crítica a la tan publicitada reforma laboral de Zapatero.
Y además, Marruecos. Mohemed VI ha elegido el peor momento para meter el dedo en el ojo de Rodríguez Zapatero, primero con las algaradas de Melilla y después con la policía marroquí respondiendo de forma desaforada ante la docena de españoles que se manifestaban en el Aaiun a favor de la independencia del Sahara. El Gobierno no ha estado a la altura en un caso ni en otro, ha ofrecido una imagen de servilismo que en nada favorece al presidente.
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