La Alta Representante para la Política Exterior de la UE, Catherine Ashton, pide paciencia a los parlamentarios.
La jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, se defendió ayer de los numerosos ataques recibidos durante sus tres primeros meses en el cargo y dibujó ante el Parlamento Europeo las claves para una nueva política exterior comunitaria «más fuerte, más firme y con más confianza en sí misma».
Tras 100 días como Alta Representante para la Política Exterior de la UE, Ashton pidió en Estrasburgo (Francia) paciencia a quienes la acusan de no haber logrado avances en ese período.
La británica, cuyo nombramiento comienzan a ver como un error un buen número de analistas, recordó que Europa está «construyendo algo nuevo» tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa y que esto requiere tiempo para que «la gente ajuste sus esquemas mentales y las instituciones encuentren su nuevo lugar».
«Hacer esto es complicado, pero también excitante», aseguró Ashton, que en las últimas semanas ha visto como crecían las críticas hacia la forma en la que está desempeñando su labor y a su supuesta falta de liderazgo.
En la Eurocámara, sin embargo, se rebajó el tono de los ataques y varios diputados mostraron incluso su comprensión ante la situación por la que está pasando la antigua comisaria de Comercio, que debe compaginar su puesto como Alta Representante con el de vicepresidenta de la Comisión Europea (CE) encargada de Exteriores, cargos que antes se repartían entre dos personas.
Los más duros, como viene siendo habitual, fueron los euroescépticos británicos, siempre muy críticos con la laborista Ashton, que también recibió ataques de algunos miembros de otros grupos por sus ausencias en citas como la reciente cumbre UE-Marruecos o el debate sobre Cuba que el Parlamento celebró ayer. «Yo no puedo estar en dos sitios al mismo tiempo», se defendió Ashton, que hizo referencia en varias ocasiones a lo apretado de su agenda.
También respondió a quienes critican su desconocimiento de idiomas con unas breves palabras en francés y en alemán, pero reconociendo que aún debe mejorar en ambos.
Más representación. Ashton dedicó una buena parte de su intervención a hablar del futuro Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), la estructura con la que la UE pretende impulsar su representación en el mundo y cuyo diseño ha desatado un enfrentamiento por su control entre las instituciones comunitarias y advertencias a la jefa de la diplomacia por parte de algunos países.
La alta representante, que es la encargada de diseñar ese sistema, llamó a superar la resistencias nacionales y abogó por crear un cuerpo «robusto» para aprovechar la «oportunidad única» que se le presenta a Europa.
«Siempre que se crea algo nuevo, habrá resistencias. Algunos prefieren minimizar lo que perciben como pérdidas en lugar de maximizar las ganancias colectivas. Yo lo veo de forma diferente», señaló.
El mensaje mayoritario de los eurodiputados fue el de defender el enfoque «comunitario» del servicio frente a los intereses individuales de cada Estado. «El nuevo sistema no puede ser el juguete exclusivo de los ministros de Asuntos Exteriores», resumió el conservador germano Michael Gahler, mientras que el socialista austríaco Hannes Swoboda censuró las «zancadillas» que está recibiendo Ashton en esta tarea.
Para la británica, las nuevas estructuras previstas por el Tratado de Lisboa son la «oportunidad de crear lo que muchos alrededor de Europa esperaban: una política exterior más fuerte y más creíble para el futuro».
Ese nuevo método, subrayó, debe tener en cuenta dos factores fundamentales en el mundo actual: la profunda interdependencia política, económica y de seguridad y el traslado de poder político y económico de Occidente a las nuevas potencias emergentes.
En este sentido, advirtió de que Europa se arriesga a ser «irrelevante» si no reacciona y toma la iniciativa pronto. «Si nos unimos, podemos salvaguardar nuestros intereses. Si no, otros tomarán las decisiones por nosotros en cualquier momento. Es así de simple», manifestó, poniendo como ejemplo las negociaciones sobre el cambio climático, el diálogo nuclear con Irán o los nuevos proyectos energéticos en África y Asia Central.
Según Ashton, la Unión Europea debe, por encima de todo, asegurar «estabilidad y seguridad» en su vecindad, afrontar los problemas de terrorismo globales con más cooperación con la Alianza Atlántica y Naciones Unidas y construir una «red de relaciones estratégicas con Estados clave».