Escultura de la cúpula de la carcel.
El director de la prisión de Herrera de La Mancha, Enrique Valdivielso, apuesta por la formación convencido de que es el camino para alcanzar la reinserción social y laboral. Por ello, está impulsando los programas terapéuticos y los talleres formativos y productivos, que están sirviendo también para reformar la cárcel que se levanta en la meseta manchega desde finales de los años setenta.
En su origen fue concebida como prisión de máxima seguridad para presos muy peligrosos y de la banda terrorista ETA, pero a primeros de los noventa, cuando empezó a aplicarse a estos últimos la política de dispersión, perdió la característica que la hizo única y pasó a ser una prisión provincial más.
También en estos últimos años se han modificado algunas leyes y hechos que antes no se consideraban delito, ahora sí lo son, como por ejemplo los relacionados con la Ley de seguridad del tráfico y la violencia doméstica. En el primero de los casos, son pocos los que ingresan en Herrera de La Mancha para cumplir una pena por hechos de esta naturaleza.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte, al igual que en el resto de las prisiones españolas, ha aumentado significativamente el número de presos condenados por delitos de violencia doméstica. De ahí que uno de los programas de intervención que se llevan a cabo en el penal manchego vaya destinado a los maltratadores con el fin de corregir conductas agresivas.
Este programa terapéutico tiene una duración de entre doce y quince meses, por eso sólo lo pueden realizar los presos con una condena superior a este tiempo, indica el director de la cárcel, quien explica que «la terapia se tiene que iniciar y terminar». Es decir, en el caso de que la condena sea muy corta, por ejemplo seis meses y un día, «no da tiempo a trabajar con ellos».
Otros de los programas que se realizan en la prisión van dirigidos a los drogodependientes para ayudarles a salir del mundo que, en muchos de los casos, les condujo a la cárcel. Una de estas unidades terapéuticas, que presta atención a más de cuarenta reclusos, está dirigida por Cruz Roja y otra es de Proyecto Hombre, que atienden a otros tantos presos.
Los condenados por delitos contra la libertad sexual también pueden asistir en la prisión de Herrera de La Mancha a un programa de tratamiento terapéutico, cuyo objetivo es que no vuelvan a reincidir.
Los presos extranjeros igualmente tienen la oportunidad de acudir a un programa dirigido por un jurista que les explica la legislación española y otras cuestiones relacionadas con su situación.
Otro de los programas que se lleva a cabo en el penal va dirigido a los reclusos del régimen cerrado que están en primer grado con el fin de ayudarles a su rehabilitación. En definitivas hay programas para todos los presos, dirigidos por un psicólogo, un educador y un ATS.
Completan la actividad en la prisión algo más de una veintena de talleres productivos y ocupacionales orientados a conseguir la reinserción y rehabilitación a través de la formación profesional y el hábito de trabajo, precisa el director de Herrera, quien también recuerda que en la cárcel se imparte la enseñanza reglada.
Para Valdivielso, son muchos los beneficios que se obtienen participando en los talleres, ya que, además de la formación que adquieren, les sirven para los permisos penitenciarios. Por ello, se les exigen que participen activamente, «no vale limitarse a calentar la silla».
Lo cierto es que este penal ha sido reconocido por la labor que realiza a través de los programas y talleres que imparte. De estos últimos, Valdivielso destaca los de panadería y bollería y anuncia que está a punto de iniciarse otro de comida rápida.
Respecto a los talleres ocupacionales, dice que se han conseguido buenos resultados con los de teatro, música, animación a la lectura y escuela de fútbol. Recientemente, han puesto en marcha el taller de arte merced a la colaboración del pintor y escultor vasco José María Moraza, autor de la propuesta artística Respeto, que ha llevado a algunas prisiones, entre ellas Herrera de La Mancha.
En uno de los pasillos ha colgado algunas de sus obras que han servido de inspiración a los presos, hasta el punto de implicarse y realizar otras pinturas que iluminan la planta de enfermería donde también han empezado a levantar una escultura que mira a la cúpula, símbolo del penal manchego que, por cierto, precisa una urgente reparación.
Para el director del penal, el proyecto de Moraza está en consonancia con las actividades y reformas realizadas con el fin de humanizar la cárcel.
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