Una paciente poniendose la vacuna
n médico colegiado de Ciudad Real, padre de una joven de 17 años, procedió a notificar al Centro de Farmacovigilancia de Castilla-La Mancha el pasado 29 de enero la reacción adversa de su hija a la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), una de las causas del cáncer de cuello de útero, tras la administración de la primera dosis de la partida NJ00010 de la marca Gardasil.
Sin embargo, no se decidió a ponerlo en conocimiento de los medios de comunicación hasta que salieron a la luz los dos casos de la Comunidad Valenciana. «Fue algo instantáneo. Le extraje la aguja y se cayó inconsciente al suelo. Imagínate el susto y eso que trabajo en una UVI Móvil», confesaba ayer Enrique Sánchez-García Pardo.
La similitud de los síntomas de su hija con los de las dos menores que precisaron ingreso en el Hospital Clínico de Valencia ante la inoculación de la vacuna es el motivo que ha llevado a este médico y padre a ir un poco más allá. «El laboratorio (Sanofi Pasteur MSD) niega que haya problemas porque obviamente son muchos los intereses y millones puestos en marcha, pero es importante que la gente lo sepa para que las autoridades sanitarias inicien una investigación exhaustiva al respecto», aseguraba a este periódico. No en vano, se trata de dos lotes de vacunas diferentes: el NH52670 y el NJ00010. (Más información en la edición impresa)
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