Los 'abertzales' han recrudecido sus críticas a Francia tras el descubrimiento del cadáver de Anza.
El asesinato de un gendarme en las cercanías de París cometido durante la noche del martes supone un nuevo salto cualitativo en la actividad criminal de ETA, que en su medio siglo de historia había evitado a toda costa causar víctimas mortales entre los agentes de las Fuerzas de Seguridad francesas. A pesar de que en los últimos tiempos se han sucedido de forma esporádica los enfrentamientos armados entre los terroristas y la Policía gala, la banda ha tratado siempre de justificar estas situaciones considerándolas «fortuitas» y asegurando que eran «contrarias a su voluntad».
Así sucedió a finales de 2001, después de que el mes anterior, y en el plazo de solo 10 días, dos gendarmes resultaran heridos por los disparos de varios etarras que trataban de huir de controles policiales. Entonces, en una nota de prensa que los diarios Gara y Euskaldunon Egunkaria publicaron el 13 de diciembre, ETA negaba que hubiera abierto «un nuevo frente en Francia», y aseguraba que la causa de los tiroteos estaba en que los gendarmes habían ido «en contra» de los terroristas «y de ningún modo al revés».
Dudas razonables. Pocos meses después, durante el juicio a los etarras Ander Geresta y Aritz Aranburu, que habían sido detenidos el 26 de mayo de 2000 en Burdeos tras mantener un tiroteo con agentes, un experto de la División Nacional Antiterrorista (DNAT) desmentía tales explicaciones y consideraba «bastante inquietante» la actuación de la banda al otro lado de los Pirineos. El especialista mantuvo ante el tribunal que «al menos dos» de los disparos que efectuó Geresta habían sido «bastante precisos», lo que en su opinión ponía de relieve que existía «voluntad de matar».
El fallecimiento el 1 de diciembre de 2007 en Capbreton de los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero situó en un nuevo nivel la actuación de la organización asesina en Francia, que hasta entonces había evitado atentar en ese país - a excepción del asesinato en 1973 de tres jóvenes españoles supuestamente confundidos con policías, que la banda nunca ha reivindicado-.
Aun así, en un comunicado también publicado en Gara 12 días después del crimen, ETA anunciaba que actuaría «sea donde sea», pero matizaba que seguía refiriéndose exclusivamente a su enfrentamiento contra «las fuerzas y aparatos represivos» del Estado español, y preguntaba a Francia si estaba dispuesta a ofrecer su respaldo «a toda actuación de las fuerzas armadas de España».
Lo ocurrido ahora significa pues que la banda -que en sus más de 50 años no ha tenido reparos en asesinar a militares, policías, guardias civiles, ertzainas, mossos, jueces y políticos, pero también a 21 niños y a estudiantes o jubilados- ha cruzado su última línea roja, la que ella misma se había marcado llevada por el instinto de supervivencia y sabedora de que mantener la actividad terrorista a ambos lados de la frontera era inviable.
Sin embargo, el acoso policial en Francia -que se ha traducido en un intento por desplazar su aparato logístico a países como Portugal- y las sucesivas detenciones de sus pistoleros, sustituidos por otros cada vez más inexpertos, ha hecho saltar por los aires esa consigna.
Seguramente el asesinato del gendarme no tendrá un gran efecto en la colaboración entre París y Madrid, inmejorable de unos años a esta parte, pero tal vez sí suponga un cambio definitivo en la buena imagen que la banda conservaba aún en ciertos sectores de la sociedad francesa. De momento, varios de los más importantes diarios galos ya se referían ayer a ETA como organización terrorista, abandonando la expresión, habitual hasta ahora, de grupo separatista vasco.
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