El fútbol ha sido siempre un deporte estupendo que, un buen día, alguien decidió estropear llenando una pizarra de flechas. Bajo el corsé de los esquemas, con la excusa de los sistemas, los jugadores, nombre común a todos, pasaron a tener un apellido que indicaba por dónde se movían. Los porteros lo han sido siempre, y la división entre defensas y atacantes se hizo borrosa. Aparecieron los laterales y los carrileros, el libre, los interiores, los extremos y los mediapuntas. El medio centro, los pivotes. Y aparecieron, también, los jugadores que se adaptan a todo. Este año, en el Club Deportivo Puertollano, ese jugador es Pedro Díaz.
Durante gran parte de su carrera, Pedro Díaz ha sido un extremo. Acababa los partidos con ese rastro de cal en el talón con el que quedaban bautizados los tipos que vivían al borde del terreno de juego, más cerca de la grada que de la zona de conflicto. Eso era antes. A pesar de que la banda sigue siendo su hábitat natural, Pedro Díaz hace de todo. Y todo lo hace bien. «Estoy jugando de todo, es verdad, pero todos tenemos que ayudar», explica el futbolista, que asegura que «más allá de posiciones, somos futbolistas, y tenemos que cumplir donde nos necesite el equipo».
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