Cristiano Ronaldo e Higuaín se abrazan tras el gol anotado por el argentino.
Real Madrid 3 - Sporting 1
El Real Madrid remontó ayer un nuevo encuentro en el Bernabéu (3-1), basado en su demoledora pegada en una tarde de poco fútbol, para mantener el liderato firmando pleno de triunfos de local, ante un Sporting que se marchó enfadado por varias decisiones arbitrales que decidieron el partido.
Regresó el conjunto blanco al escenario de una nueva desilusión europea sin reproche inicial en la grada. Acostumbrados a las malas noticias en ‘Champions’, la afición aguantó 38 minutos de bostezo antes de silbar por una primera mitad de juego sin ritmo y terminar levantándose del asiento por el fútbol eléctrico.
Los reproches llegaron por la mala lectura inicial del partido. El ‘efecto Bernabéu’ no es suficiente como para ganar a un rival sin pelea, y la movilidad de Cristiano Ronaldo hay días que no basta. Enfrente, había un rival bien ubicado sobre el césped. Con el gusto por el balón que impone Rivera. Al que solo se le pudo achacar su falta de hambre en minutos de juego sin orden madridista.
Nació frío el encuentro y los mil intentos de Cristiano por cambiar la dinámica no tuvieron éxito. Su hambre de ganar se transforma en gestos de reproches a sus compañeros, cuando no leen un pase o no aciertan en una acción. Debe modificarlo el portugués, la paciencia de sus compañeros tiene un límite, aunque sea el líder indiscutible sobre el césped.
El ligero dominio local no encontró remate. Un cabezazo desviado de Higuaín, un disparo a las nubes de Granero y el remate de más peligro, de nuevo del ‘Pipita’ que chutó cruzado en carrera fueron los avisos blancos antes del primer disparo a puerta.
con orden. El Sporting aguantó el juego de bajas pulsaciones madridista. No se descompuso en ningún momento y, sustentado en la calidad de Rivera, asociado con el trabajo incansable de Castro, intentó sorprender a Casillas.
‘Lass’ está tonteando con su futuro. Instalado en su rendimiento más bajo desde que llegó a Madrid, Pellegrini le sustituyó y metió a Guti, cuya entrada cambia la cara del equipo.
El toque del segundo capitán, que hace jugar con más rapidez y claridad a sus compañeros, más el grado de intensidad que subió el Real Madrid, le bastó para remontar en un par de minutos.
Un error defensivo, al tirar mal el fuero de juego, plantó solo a un ex madridista como Barral ante Casillas (min. 53). Escorado, no dudó. Con la portería en su mente, no pensó en asistir y sí en soltar un potente disparo arriba, imparable para el capitán blanco. Estallaba de alegría una incansable afición, que arropó con sus cánticos de inicio a fin. Un ejemplo a seguir.
La alegría duró poco. En la siguiente acción, Cristiano provocó una falta. La chutó con su potencia habitual, Juan Pablo despejó como pudo, y el balón muerto lo envió a la red Van der Vaart. El control de balón, con las manos junto al cuerpo, pero ayudándose de ellas para acomodar el esférico desató las quejas de los asturianos.
No se habían levantado del golpe, cuando dos minutos después, Cristiano remató un córner con un salto descomunal y Xabi Alonso, solo en el segundo palo, remachó al fondo de las mallas.
En el minuto 68, una nueva acción protestada por el conjunto rojiblanco sentenció el encuentro. De aspirar a empatar, en jugada de Castro derribado por Arbeloa dentro del área, pasó a encajar a la contra el gol del argentino Gonzalo Higuaín. Zurdazo ajustado para cerrar el marcador. El Real Madrid duerme líder tras jugar con fuego ante un Sporting que regresa orgulloso a casa.